Más árboles para ganar sombra, menos asfalto para evitar que el suelo funcione como un radiador, zonas verdes, espacios con agua o superficies capaces de absorber la lluvia. La adaptación de las ciudades y villas medias a unas temperaturas cada vez más altas empieza a tomar forma en actuaciones puntuales repartidas por más de medio centenar de concellos. Son los llamados refugios climáticos, una fórmula en que participa la Xunta con los ayuntamientos para crear una red autonómica que contribuya al bienestar de las personas en esos días calurosos, que cada vez son más en frecuencia y temperatura.
Más árboles para ganar sombra, menos asfalto para evitar que el suelo funcione como un radiador, zonas verdes, espacios con agua o superficies capaces de absorber la lluvia. La adaptación de las ciudades y villas medias a unas temperaturas cada vez más altas empieza a tomar forma en actuaciones puntuales repartidas por más de medio centenar de concellos. Son los llamados refugios climáticos, una fórmula en que participa la Xunta con los ayuntamientos para crear una red autonómica que contribuya al bienestar de las personas en esos días calurosos, que cada vez son más en frecuencia y temperatura.
Al menos ya hay 75 de estos proyectos que cuentan con financiación autonómica distribuida entre los años 2025 y 2026 dentro del programa Galicia Refugio Climático. La aportación de las arcas gallegas se acerca a los cuatro millones de euros.
Detrás del término refugio climático no hay necesariamente un edificio, un sótano o una construcción específica a la que acudir durante una ola de calor. En muchos casos el término refugio se refiere a una plaza, un parque o incluso una calle, solo que ha sido transformada para ofrecer mejores condiciones térmicas que su entorno, logrando, por ejemplo, una reducción de la temperatura de hasta 3 grados centígrado en comparación con las inmediaciones. Una de las claves para conseguir este fin está en recuperar sombra y vegetación allí donde manda el hormigón o el asfalto, y sustituir superficies impermeables por otras porosas o incorporar agua y soluciones naturales capaces de rebajar la temperatura.
La primera convocatoria autonómica, resuelta en mayo de 2025, fue el punto de partida. La Xunta distribuyó entonces dos millones de euros entre 42 proyectos promovidos por 35 ayuntamientos. Las actuaciones podían incluir desde plantaciones de arbolado hasta jardines verticales y cubiertas verdes, pasando por la recuperación de terrenos degradados, la creación de pequeños humedales o la introducción de elementos de agua para generar microclimas más frescos. Concellos como Pontevedra, Rodeiro, Begonte, Santiso, Parada de Sil, A Lama, Riós, Lobios, Carballo o Vilalba fueron algunos de los beneficiarios. La experiencia se repitió este año, con varios concellos que repiten la iniciativa.
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El problema al que se intenta responder se concentra especialmente en las áreas construidas, y esta condición se reproduce tanto en las ciudades como en los pequeños núcleos de población. Las calles asfaltadas, las fachadas y las grandes superficies pavimentadas absorben durante el día la radiación solar y liberan después el calor lentamente, lo que eleva la temperatura respecto a zonas próximas con vegetación. Es el denominado efecto isla de calor, que cobra especial importancia durante episodios prolongados de altas temperaturas.
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