Aunque está homologada en la categoría de 11 kW y puede conducirse con el permiso A1 o con el B con tres años de antigüedad, sus prestaciones, su tecnología y su parte ciclo la sitúan claramente por encima de una motocicleta de acceso convencional
Iván Bolaño Doforno
Barcelona
28/09/2026 Actualizado a las 12:30h.
La electrificación de las dos ruedas en España avanza por detrás del resto del mercado. En agosto se matricularon 797 vehículos eléctricos de categoría L, un 25,9% más que hace un año, pero sobre un total de 22.440 unidades, lo que deja su cuota en apenas el 3,6%. En lo que va de 2026 suman 7.782 unidades y crecen un 8,6%, frente al 21,2% del mercado global.
La evolución, sin embargo, varía mucho según el segmento. El scooter eléctrico acumula 3.749 unidades, casi cuatro veces más que la motocicleta eléctrica (980), pero solo crece un 2,1% mientras su segmento lo hace un 18,5%, de modo que pierde peso frente a la gasolina. En las motocicletas ocurre lo contrario: el eléctrico apenas representa el 1,1% del segmento, pero crece un 35,9%, por encima del 24,9% del conjunto. Es en esta categoría, todavía minoritaria pero en ascenso, donde se sitúa la Zero S.
Una naked eléctrica diferente
Zero Motorcycles se ha consolidado como uno de los especialistas de referencia en la moto eléctrica, y la completamente rediseñada Zero S es la propuesta de acceso a su familia naked. Su planteamiento, no obstante, está lejos de lo que tradicionalmente entendemos por una 125.
Aunque está homologada en la categoría de 11 kW y puede conducirse con el permiso A1 o con el B con tres años de antigüedad, sus prestaciones, su tecnología y su parte ciclo la sitúan claramente por encima de una motocicleta de acceso convencional.

Pese a recuperar una denominación histórica de la marca, esta generación es un desarrollo técnico completamente nuevo. Su motor Z-Force 75-7 es un síncrono de corriente alterna con imanes permanentes internos, concebido para ofrecer una elevada densidad de potencia y contener el peso. Su arquitectura deriva conceptualmente de la de modelos superiores de la marca, aunque ha sido adaptada específicamente a esta S. El resultado es una velocidad máxima de 139 km/h y una respuesta del acelerador que, desde el primer metro, deja claro que no estamos ante una 125 al uso.
Comportamiento dinámico
Mis primeras sensaciones a bordo son las de una moto robusta, con una parte ciclo de primer nivel y una postura naked clásica y cómoda: piernas ligeramente flexionadas, espalda bastante erguida y una leve inclinación hacia delante que invita también a una conducción de cierto carácter deportivo.
Desde los primeros kilómetros destaca su estabilidad. La moto no hace extraños y transmite mucha confianza, con esa sensación de rodar «sobre raíles» que se acentúa a medida que aumenta la velocidad. Como contrapartida, es algo menos ágil que algunas rivales de combustión más ligeras, aunque sigue resultando manejable tanto en carretera como en ciudad.

En carreteras de curvas, la calidad del chasis y, sobre todo, la entrega instantánea de par la convierten en una moto realmente divertida. El motor responde de inmediato y permite salir de las curvas con una contundencia impropia de una 125.
Pero es probablemente en ciudad donde mejor demuestra sus virtudes. La respuesta inmediata, la ausencia de ruido mecánico, el bajo centro de gravedad y la transmisión automática, sin embrague ni pedal de cambio, hacen que moverse entre el tráfico resulte especialmente sencillo y agradable. Incluso con el calor del verano barcelonés, apenas he percibido temperatura procedente de la moto.
Su peso se deja notar al maniobrar en parado, aunque subirse, bajarse y moverla en marcha resulta sencillo. El radio de giro, en cambio, es algo amplio, por lo que en espacios reducidos a veces obliga a una maniobra adicional.

La frenada regenerativa es otro de los elementos que más transforman la experiencia. En tráfico denso, con constantes aceleraciones y deceleraciones, muchas veces basta con cerrar el acelerador para controlar la velocidad y recuperar energía. En determinadas situaciones apenas he tenido que recurrir a los frenos, lo que da como resultado una conducción muy fluida e intuitiva en el clásico escenario urbano de «stop and go».
Una parte ciclo de primer nivel
La Zero S cuenta con una parte ciclo claramente superior a la habitual entre las motos para permisos A1 o B+3. El bastidor multitubular de acero se combina con un basculante de aluminio y suspensiones Showa: horquilla invertida SFF-BP de 43 milímetros y monoamortiguador trasero sin bieletas.

La propia transmisión secundaria por correa dentada contribuye además al silencio del conjunto y elimina prácticamente las operaciones habituales de una cadena.
El equipo de frenos, firmado por J.Juan y con pinzas delanteras de anclaje radial, está a la altura de las prestaciones, y los neumáticos Pirelli Diablo Rosso III completan un conjunto cuyo comportamiento está más cerca del de una moto de mayor cilindrada que del de una 125.
Electrónica y conectividad
El software Cypher III+ gestiona buena parte de los parámetros de funcionamiento y trabaja junto al Motorcycle Stability Control (MSC) de Bosch, que interviene sobre la tracción y la frenada incluso con la moto inclinada.
Hay cinco modos de conducción, Rain, Eco, Standard, Sport y Canyon, que modifican la respuesta del acelerador, la retención y la actuación de las ayudas. El modo Canyon permite además personalizar distintos parámetros según las preferencias del piloto.

La pantalla TFT adquiere un protagonismo especial: además de la información habitual, muestra datos clave en una eléctrica, como el porcentaje de batería, la autonomía estimada, el consumo, la temperatura exterior o la energía recuperada en las deceleraciones. La aplicación móvil de Zero completa el apartado con actualizaciones de software inalámbricas, localización de la moto, alertas de seguridad y gestión de la carga.
Autonomía: una cuestión de uso
La autonomía sigue siendo el aspecto que más condiciona la experiencia con una moto eléctrica. La Zero S equipa una batería de iones de litio Z-Force de gran capacidad, integrada en el chasis y sin mantenimiento periódico.
Durante la prueba he combinado ciudad, carretera y autopista. Uno de los primeros días, tras varios desplazamientos por Barcelona, hice una escapada a Sitges de unos 50 kilómetros por trayecto. Con la mayor parte del recorrido en modo Eco y algunos tramos en Standard, después de unos 110 kilómetros había consumido aproximadamente la mitad de la batería, lo que apuntaba a unos 220 kilómetros de autonomía real en condiciones favorables.

En un uso más exigente, combinando ciudad y carretera, la cifra se sitúa en torno a los 175 kilómetros, mientras que en un uso exclusivamente urbano y en modo Eco puede acercarse a los 250. La diferencia muestra hasta qué punto el tipo de uso condiciona el rendimiento. En autopista el consumo crece de forma notable: entre 90 y 100 km/h ya se aprecia con claridad, y a 120 km/h la autonomía cae todavía más.
Para quien necesite más capacidad existe el Power Tank, un módulo adicional que se instala en el concesionario.
Carga: el otro factor determinante
La Zero S admite distintas soluciones de recarga según la infraestructura disponible, desde la carga rápida hasta adaptadores para redes EVSE y enchufes domésticos europeos. Con carga rápida, se necesitan unos 53 minutos para alcanzar aproximadamente el 95% de la capacidad útil.
Aquí está otra de las claves a la hora de valorar la elecció de una moto eléctrica en la que, a diferencia de muchos escúteres a los que se le puede extraer la batería para recargarla en casa, necesita ser recargara directamente. En mi caso, al no disponer de un garaje con punto de recarga, he localizado en Barcelona a través de diversas aplicaciones (como elecromaps) la red de puntos de carga, que en Barcelona es numerosa. Porque una cosa es conocer la autonomía teórica y otra muy distinta integrar una moto eléctrica en la rutina diaria dependiendo de una infraestructura todavía en expansión.

Una experiencia diferente
Tras varios días a sus mandos, una de las conclusiones más claras es que la Zero S exige cambiar algunos hábitos. El cuadro obliga a atender a datos ajenos a una moto de combustión, como el consumo instantáneo, la autonomía disponible o la energía recuperada. También cambia el uso del acelerador: controlar buena parte de la velocidad con la retención del motor convierte el tráfico urbano en una experiencia muy fluida, a lo que se suma la ausencia de ruido y vibraciones.
Veredicto
La Zero S juega en una liga difícil de comparar con las 125 tradicionales. Aunque a efectos de permiso se equipara a ellas, su concepto, sus prestaciones y la calidad de sus componentes la sitúan claramente por encima. Su plataforma, derivada de la experiencia de Zero en modelos de mayor rendimiento, ofrece sensaciones más próximas a las de una moto de gran cilindrada que a las de una motocicleta para A1 o B+3.

La entrega inmediata de par, la calidad de la parte ciclo, la estabilidad y la facilidad de conducción son sus principales argumentos. En ciudad resulta especialmente agradable y en carretera sorprende por sus prestaciones y por la confianza que transmite. Frente a la Zero SR, ofrece algo menos de aceleración y autonomía, pero conserva buena parte de sus cualidades dinámicas.
Su principal inconveniente es el precio. Sus 17.935 euros la sitúan en un nivel muy elevado, aunque incluyen cinco años de garantía para la moto y la batería, con kilometraje ilimitado.
En definitiva, la Zero S no pretende ser una simple alternativa eléctrica a una 125. Es una motocicleta de prestaciones superiores que, gracias a su homologación, está al alcance de los permisos más accesibles: sensaciones, tecnología y parte ciclo de una categoría superior con la accesibilidad administrativa de una 125.