El edificio cerró sus puertas en 2013 por los problemas de financiación tras no llegar los dos millones de euros comprometidos en el Plan de Convergencia
24/09/2026 Actualizado 25/09/2026 - 06:18h.
Fue concebido para ser un Centro de Interpretación vinculado al ovino, y más especialmente al mundo de la lana. Se anunció a bombo y platillo, como una iniciativa para poner en valor el sector y los diferentes oficios y fuentes de riqueza, llegando a hablarse, incluso de erigirse, como un auténtico parque temático. Estuvo incluso abierto cuatro años al público, en un concepto muy distante a lo que era su objetivo final, y pendiente de un sinfín de fases y subvenciones que nunca llegaron.
Dos décadas después, destrozado, olvidado y vandalizado, el Centro de Interpretación de la Lana es un edificio fantasma que, de alguna manera, representa el abandono que paulatinamente sufre el medio rural, y la realidad de proyectos faraónicos que se venden como grandes titulares, pero finalmente nunca llegan. Situado en pleno monte, en la carretera que une los municipios ribereños de La Horra y Sotillo de la Ribera, es un inmueble decrépito, desvalijado y arrasado, al que nadie mira y del que nadie habla. Olvido y silencio, frente a la auténtica lástima que supone recorrer cada una de sus estancias.

Cristales rotos, ventanas y dispositivos sustraídos, no quedan ni cables. Aquellos materiales que no han servido a quienes buscaban algo de valor, inundan el suelo destrozados, los trozos de pladur se extienden por el local, y las pintadas y firmas de aquellos que se ven artistas, rematan la imagen de lo que finalmente no fue. Incluso, los sprais utilizados para tales obras, se acumulan en el suelo, con el resto de suciedad, y lo que queda de algunos paneles que, en su día, detallaban aspectos como las procedencias de las distintas razas de ovino, la reproducción de antiguos chozos o algunos carteles informativos.
El Parque de la Lana, situado en La Horra (Burgos), presentaba un proyecto a desarrollar en varias fases, que contemplaba un Centro de Interpretación de la Lana y un futuro parque temático para poner en valor el patrimonio de la trashumancia y dinamizar y diversificar la actividad turística de la zona. El parque abrió sus puertas en 2009 con un museo interactivo y la falta de financiación obligó a su cierre en 2013. Permaneció cuatro años abierto al público con una media de 3.000 visitantes al año.
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Tuvo que echar el cierre por una deuda adquirida después de que los dos millones de euros de subvención aprobados por el Plan de Convergencia acordado entre el Gobierno y la Junta de Castilla y León, nunca llegaran. Un proyecto impulsado por lo que fuera la Mancomunidad Ruta del Vino-Afluente Rural, que llegó a estar conformada por hasta 13 ayuntamientos de la zona, que vieron cómo sus aspiraciones se truncaban por la falta de financiación.
A pesar de las reiteradas peticiones de las explicaciones a la Junta, la Administración Regional nunca develó por qué incumplió el compromiso firmado con el Gobierno de España en el año 2010 en el que se asignaban dos millones de euros para el desarrollo del proyecto del Parque de la Lana. Aquel pacto supuso el reparto de 100 millones de euros para la financiación de numerosos proyectos en toda la región, entre ellos el Centro Cultural de Fresnillo de las Dueñas.
Mientras esperaban la ayuda, los regidores que estaban en aquel momento al frente de los ayuntamientos de la mancomunidad contrajeron varios préstamos con dos entidades bancarias para agilizar los trabajos, pero el dinero comprometido no llegó y aceleró la clausura. Han pasado trece años desde aquel cierre.
Hubo un amago de esperanza en 2018, cuando la Junta de Castilla y León, propuso la reapertura del Parque de la Lana. En aquel entonces, se habló un presupuesto de 170.000 euros para el proyecto, incluso afirmando que una empresa estaría dispuesta a gestionarlo, aunque su identidad nunca trascendió. Lejos del proyecto ambicioso que se emprendió, la propuesta añadía una zona de animales vivos con una muestra de las cuatro razas ovinas autóctonas de Castilla y León. Nada más se supo y, ocho años después, en el centro no queda nada más que destrozos, un edificio fantasma y abandonado.