La artista reconoce vivir en una sociedad muy acelerada, centrada en el trabajo y en el éxito; por ello, tener un perro la conecta con algo mucho más esencial: “El afecto, los vínculos y la naturaleza”
Saltó a la fama tras participar en OT 2017, edición que ganó Amaia y tuvo a Aitana como segunda finalista. Desde entonces, Nerea Rodríguez ha seguido componiendo y publicando discos, labor que compagina con la interpretación y el doblaje. Tras formar parte de La llamada, la exitosa obra teatral de Los Javis, la artista acaba de rodar en Tenerife la comedia Mi querida familia rusa y debutará en agosto en el Festival de Teatro Romano de Mérida. Proyectos que demuestran la versatilidad de Nerea, quien los afronta con entusiasmo y profesionalidad.
Sin embargo, hay algo que le cuesta más que cualquier rodaje o estreno: separarse de Ron, el perrito mestizo que adoptó hace más de tres años. Aunque su entorno le desaconsejaba tener un animal por sus compromisos profesionales, la joven no lo dudó. “Ha sido la decisión de la que más orgullosa me siento”, asegura. Nerea habla sobre Ron, la adopción, la ansiedad, la conciliación con su trabajo y la importancia de una tenencia responsable.
Dices que Ron cambió tu vida. ¿Cómo llegó a ella?
Siempre quise tener un perro. No recuerdo un momento de mi vida en el que no lo deseara, pero en casa nunca tuvimos uno. Cuando ya vivía sola en Madrid, empecé a plantearme seriamente que quería tener un perro. Se lo decía tanto a mi familia como a mi pareja, pero todos me decían que me iba a arrepentir, por la vida que llevaba, porque viajo mucho, porque mi trabajo es inestable... Aun así, yo continuaba dándole vueltas a esa idea y seguía a varias protectoras. En una de estas, vi a Ron, que me recordó al perro de uno de mis mejores amigos, que es superbueno y chiquitín, y me interesé por él.
En ese momento, supiste que no había vuelta atrás.
(Ríe) Exacto. Fui a conocerlo y conectamos enseguida. Lo cogí en brazos y Ron no se movió de encima de mí. En la protectora me dijeron una frase que nunca olvidaré: “No eres tú quien lo ha elegido, es él quien te ha elegido a ti”. Creo que tenían razón.

Y te dejaste llevar.
Sí, aunque Ron, al ser mestizo, no sabíamos cuánto iba a crecer. Me decían que quizá pesaría nueve kilos y eso podía complicar mucho mis viajes en tren o en avión. Pero me enamoré de él y pensé que, creciera lo que creciera, ya encontraríamos la manera de adaptarnos. Decidí arriesgarme.
¿Lo de Ron tiene algo que ver con la bebida a la que da nombre?
Lo cierto es que en la protectora se llamaba Otto, pero me dieron la opción de cambiarle el nombre. Para perros, siempre me han hecho gracia los nombres relacionados con bebidas. Si hubiera sido hembra, se habría llamado Brandi. Gin y Tequila también me parecen nombres chulos. Y, para un perro muy, muy chiquitito, Chupito. Lo que tenía claro desde el principio es que me gustan los nombres cortos y contundentes.
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¿Qué has aprendido de Ron desde que compartís vida?
¡Muchísimo! Lo primero que he aprendido es que adoptarlo ha sido la mejor decisión que he tomado nunca. También he aprendido que ya no estoy sola. Él siempre está esperándome cuando vuelvo a casa y me ha descubierto hasta qué punto los perros son inteligentes y capaces de querer de una manera completamente desinteresada.
Al principio, ¿fue difícil adaptaros el uno al otro?
La verdad es que no, a pesar de haber sido un perro abandonado. Lo adopté con tres meses y siempre ha sido un perro muy fácil. Y eso que había pasado el parvovirus, que es una enfermedad que afecta a muchos cachorros, así que es un gran luchador. Ron aprende muy deprisa y nos entendemos casi sin hablar. Además, tiene una mirada muy humana y comprensiva. Lo único que le cuesta es quedarse solo en casa.
Nerea Rodríguez
Artista
¿Pasa mucho tiempo solo?
¡Para nada! Antes, cuando tenía que dejarlo solo tres o cuatro horas para ir a trabajar, lo llevaba muy mal, y ladraba sin parar. Ahora, que ya tiene tres años y medio, le cuesta menos. Aun así, evito pasar mucho tiempo fuera de casa. Por ejemplo, en julio, que estuve tres semanas rodando en Tenerife, dejé a Ron en casa de mis padres para que estuviera más tranquilo. Ellos están jubilados, le dan paseos superlargos y sé que allí está feliz. Yo necesitaba concentrarme en el rodaje y no quería estar pendiente de cuántas horas llevaba Ron solo.
Aun así, siempre que puedes, lo llevas contigo.
Ron ha venido a sesiones de fotos, a camerinos y a rodajes. También ha estado conmigo en el teatro. Incluso una vez en un concierto, aunque no lo voy a volver a hacer, porque creo que no lo pasó bien por el ruido. Yo intento integrarlo en mi día a día, porque la vida de un perro es mucho más corta que la de un humano, y quiero aprovechar todo el tiempo posible con él.
Incluso ensayas delante de él.
(Ríe) Sí. Hace poco, tuve un casting en inglés y lo ensayé entero con Ron. Además, creo que intenta hablar conmigo. Mueve la boca como si quisiera articular palabras. ¡Es muy divertido!
¿Hay algún momento difícil de tu vida en el que su compañía haya sido especialmente importante?
Cuando estoy enferma, triste o con ansiedad, duermo con Ron y me transmite una calma enorme. Estoy convencida de que ejerce un efecto parecido al de un perro de apoyo emocional.
¿Te planteas ampliar la familia con otro perro?
Ahora mismo, no. Viajo mucho y, siendo sincera, tengo una relación tan especial con Ron que me cuesta imaginar compartir ese vínculo con otro perro. Quizá en el futuro cambie de opinión, pero hoy en día no lo veo.

Hablando de perros, hace poco se ha publicado un estudio que revela que en España ya hay más perros que niños menores de 12 años. ¿Cómo interpretas este dato?
Creo que vivimos en una sociedad muy acelerada, centrada en el trabajo y en el éxito. Tener un perro nos conecta con algo mucho más esencial: el afecto, los vínculos y la naturaleza. Dudo que quien quiera tener hijos los sustituya por un perro, pero sí creo que cada vez necesitamos más ese tipo de compañía.
Para acabar, cuéntame qué proyectos tienes por delante.
Tras rodar Mi querida familia rusa en Tenerife, junto con actores como Octavi Pujades, Pablo Puyol, Beatriz Rico o Miki Nadal, cumpliré otro sueño: actuar en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida con Las nueve musas. Son dos proyectos muy ilusionantes y, por suerte, Ron estará esperándome cuando vuelva a casa.