Ya no se servirán más croquetas, ni patatas a la vinagreta, ni tampoco habrá más quejas por el picor de las quesadillas. Todo eso acaba este sábado, el día en que el bar Jacapaca echa el cierre después de 17 años en el número 5 de la calle Quintana. Lo hace como ha sido durante buena parte de su historia: con las mesas ocupadas, amigos compartiendo comida y un ir y venir constante de clientes que no quisieron perderse su última jornada.
Ya no se servirán más croquetas, ni patatas a la vinagreta, ni tampoco habrá más quejas por el picor de las quesadillas. Todo eso acaba este sábado, el día en que el bar Jacapaca echa el cierre después de 17 años en el número 5 de la calle Quintana. Lo hace como ha sido durante buena parte de su historia: con las mesas ocupadas, amigos compartiendo comida y un ir y venir constante de clientes que no quisieron perderse su última jornada.
"Es una pena, lo echaremos de menos", asegura Claudia Pérez, que acudió junto a sus amigas a comer después de enterarse de que este sábado sería el último día del establecimiento. Para muchos de sus clientes, Jacapaca no era solo un lugar al que acudir a comer, sino también un punto de encuentro.
Lugar de reuniónEs el caso de Luis Boza, que tiene claro qué será lo que más echará de menos: "Los martes de croquetas". Una cita que, más allá de la comida, se había convertido en "un motivo para reunirnos los amigos entre semana", explica.

Interior del bar, este sábado. / Alex Domínguez
El adiós de Jacapaca se ha vivido con especial intensidad durante el servicio de comidas de este sábado. El local es pequeño, pero a primera hora de la tarde "no cabía un alfiler". Pasadas las 14 horas, Laura Amorós esperaba en la puerta junto a un grupo de amigas a que alguno de los comensales terminara para poder entrar. "No nos hemos podido sentar", cuenta mientras aguardan fuera.
"Nos da mucha pena que cierre. Nos gusta mucho salir a cenar por toda esta zona, que hay bares muy buenos", añade.
CariñoEl propio Jacapaca anunció esta semana a través de sus redes sociales que ponía fin a su actividad. Desde entonces, los mensajes de cariño no han dejado de sucederse. Una despedida que este sábado se ha trasladado de las redes al propio local, convertido durante las últimas horas en escenario de reencuentros y de quienes han querido acercarse una última vez antes de que sus puertas quedaran cerradas.
Durante estos 17 años, el establecimiento había conseguido hacerse un hueco propio a escasos metros del Mercado Central, con una propuesta y una personalidad reconocibles. El propio local se definía en Instagram como un "antro de tapas, con la música demasiado alta y la comida demasiado picante".
Ahora, ese "antro" deja de formar parte de la rutina hostelera de la calle Quintana. Queda, al menos, el recuerdo de 17 años de mesas compartidas y de un último sábado en el que, hasta el final, hubo quienes quisieron despedirse comiendo allí.
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MotivosSobre los motivos que han llevado al cierre, en los últimos días han circulado en redes sociales mensajes que apuntan a que el inmueble podría destinarse a un alojamiento turístico. Una posibilidad que, sin embargo, no ha sido confirmada por el establecimiento. INFORMACIÓN trató este sábado de conocer de primera mano las razones del cierre y el futuro del local, pero el responsable del negocio no pudo atender a este diario durante la última jornada de apertura, al encontrarse atendiendo el servicio.
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