La gala, cálida y emocionante, nos mostró al Manuel Alejandro más auténtico e íntimo, aunque también escéptico con el futuro de la composición de canciones en español
LA noche comenzó por donde la dejamos el año pasado: hablando con el pintor Hernán Cortés, el primer Premio Andaluz de las Bellas Artes, concedido por la Fundación Cajasol y el Grupo Joly. Pregunta: “¿Su canción favorita de Manuel Alejandro?” Dudas y, finalmente, la respuesta: Que no se rompa la noche. Se refería, claro está, al gran éxito mundial que se incluía en el LP de Julio Iglesias Un hombre solo (1987), que vendió varios millones de ejemplares en todo el mundo. Nunca se supo la cifra exacta. Para grabarlo –lo contó el propio Manuel Alejandro el pasado domingo en la entrevista que publicó este periódico– el maestro se fue a Miami y vivió en la mansión que Julio (ya sin apellido, como Federico o Felipe), unos días llenos de anécdotas que, como se suele decir ahora, bien merece una serie de Netflix. Solo la parte de los buzos contratados por el cantante de Manuela (otro gran éxito compuesto Manuel Alejandro) para encontrar en el mar el bolígrafo talismán con el que el jerezano escribía sus canciones merece un largometraje.
Como ya saben, Hernán Cortés le pasó el relevo del Premio de las Bellas Artes a Manuel Alejandro. Fue en una gala celebrada este martes en la sede de la Fundación Cajasol, la antigua Audiencia de Sevilla, un edificio de más de 500 años que Antonio Pulido quiere convertir en la gran “manzana cultural” de Andalucía. Fue una noche de artisteo, con muchas caras conocidas del mundo de eso que antes se llamaba “la canción ligera”, aunque no sabemos muy bien qué de ligeros tienen auténticas cargas de profundidad como Yo soy aquel, Digan lo que digan, Señora o Como una ola. Entre los asistentes se pudo ver a María del Monte, Rafael Almarcha, Ángel Rivas, Manuel Lombo, Pasión Vega, Laura Gallego, María José Santiago, Niña Pastori, Los del Río... En representación de todos ellos, Manuel Lombo interpretó un acertado y sentido tema-río que encadenaba grandes éxitos de Manuel Alejandro. Al piano, el maestro Chico Pérez. Ambos protagonizaron el segundo momento más emocionante de la noche.
¿Y el primero? Más bien podríamos hablar de los primeros. Fueron aquellos que protagonizó el propio Manuel Alejandro, que todo el tiempo estuvo rodeado de una atmósfera de cariño y aprecio cómo pocas veces se ven. Cada vez que se movía todo eran olés, abrazos, besos, homenajes sentidos de un público totalmente entregado.
Y llegó el momento en el que Manuel Alejandro tuvo que hablar ante el respetable. Con todos los elementos descritos lo normal hubiese sido pensar que aquello iba a ser una especie de arenga artística, marcada por la euforia y la autocomplacencia. Error, porque Manuel Alejandro enseñó su verdadera cara, la de un hombre meditabundo y culto, lector de filosofía y literatura, profundo conocedor del gran repertorio musical clásico que mamó desde el vientre de su madre, uno de los pilares de la cultura europea hoy tan denostada. Pero todo con un barniz sonriente e irónico. Es el mismo Manuel Alejandro que se muestra en sus memorias: Vibraciones y elucubraciones de un escribidor de canciones (Ediciones B), libro en el que se sacrifican las anécdotas para hilar un discurso sobre el significado y la acción de componer. Y de vivir.
En su discurso, Manuel Alejandro no ocultó un cierto pesimismo por la situación que atraviesa la composición de canciones en español. Incluso llegó a hablar de peligro de extinción. Destacó, eso sí, la labor realizada por el compositor y productor mexicano Édgar Barrera, responsable de temas como Si antes te hubiera conocido, interpretada por Karol G; Hawái, por Maluma; o Según quién, por Maluma y Carín León. Pero lo consideró algo así como un oasis en medio de un erial.
Una vez hecho este alegato, Manuel Alejandro pasó a un tono casi íntimo, en el que repasó las claves de su obra y su visión de lo que debe ser una canción, incluso recitó algunos de sus principales temas, desnudos de música, a media voz, como si estuviésemos en un recital de poesía.
La de este martes fue sin duda una noche plena y alegre, una noche que no se rompió. De sincera celebración ante uno de los genios de la canción española de todos los tiempos, Manuel Alejandro, sin duda a la misma altura que sus admirados Quintero, León y Quiroga. Que sean muchos éxitos más.
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