Вход на сайт

Просмотр новости

Найдите то, что Вас интересует

Cuando huir es la única frontera posible

Дата публикации: 20-09-2026 04:01:30

Guerras, hambre, sequías, persecución y Estados incapaces de proteger a sus ciudadanos empujan cada año a millones de seres humanos a abandonar la tierra en la que nacieron. Mientras tanto, en Europa proliferan políticos dispuestos a agitar el fantasma de la “invasión”, como si detrás de cada patera hubiese una operación perfectamente organizada para conquistar nuestro modo de vida. El problema es que los datos, siempre tan poco obedientes a los eslóganes, cuentan una historia bastante distinta.En estos tiempos de desconcierto se escucha con demasiada facilidad aquello de “que se queden en su país” o su variante aparentemente más razonable: “que vengan, pero legalmente”. Son frases pronunciadas, generalmente, desde una vivienda con agua potable, un frigorífico con comida, electricidad, colegios, médicos y un hospital a pocos kilómetros. Y, sobre todo, desde la confortable seguridad de saber que mañana nadie bombardeará nuestro barrio, ninguna milicia entrará en nuestra casa y para llenar un vaso de agua no tendremos que caminar durante horas. Desde ese sillón, exigir paciencia, papeles y cita previa resulta extraordinariamente sencillo.Lo complicado es explicar dónde debe quedarse quien ya no tiene ni una choza en la que refugiarse, quien carece de agua y alimentos o quien vive en un territorio dominado por grupos armados donde las mujeres son violadas y secuestradas y los hombres pueden ser asesinados por estar en el lugar equivocado.Antes de preguntarnos por qué vienen, quizá deberíamos plantearnos una cuestión bastante más incómoda para algunos sesudos defensores de las fronteras, especialmente cuando la responden desde el sofá: ¿qué haríamos nosotros si estuviéramos en su lugar?Veamos algunos datos capaces de estropear más de una conversación de barra de bar. En Somalia, cerca de 1,9 millones de niños necesitarán este año tratamiento por desnutrición aguda, y alrededor de medio millón padecerán desnutrición aguda grave. No estamos hablando de que en el supermercado se haya agotado nuestra marca favorita de cereales. Estamos hablando de hambre, de niños, en definitiva, hablamos de supervivencia.Somalia acumula, además, décadas de conflictos, desplazamientos forzosos, pobreza extrema, sequías recurrentes, inundaciones, destrucción de medios de vida y una debilidad institucional que deja a millones de personas prácticamente indefensas. Y, aun así, siempre aparecerá alguien preguntando con gesto incrédulo: “¿Pero de verdad se muere gente por esto?” Sí. Se muere.A unos miles de kilómetros, Sudán ofrece otra explicación bastante clara a ese misterio que parece desconcertar a tantos europeos y, por supuesto, también a muchos españoles: por qué una persona abandona su país.Desde que estalló la guerra en abril de 2023, Sudán se ha convertido en una gigantesca fábrica de desplazados. Según datos de ACNUR, más de 11 millones de personas continúan desplazadas dentro y fuera del país como consecuencia del conflicto. A las bombas y a las armas se han sumado el hambre, el colapso de los servicios sanitarios, la destrucción económica y la pérdida de hogares y medios de subsistencia.Naciones Unidas describió ya en 2025 un país en el que millones de personas habían perdido su vivienda, su trabajo o algún familiar; donde aumentaban la desnutrición y las muertes de civiles y donde buena parte del sistema sanitario apenas podía seguir funcionando.Y entonces reaparece nuestra gran pregunta europea: ¿por qué vienen de manera irregular? ¿Por qué no se quedan en su país? En su país, ¿dónde? ¿En una ciudad bombardeada? ¿En un campo de desplazados? ¿En una región sin medicamentos ni alimentos? ¿O quizá deberían sentarse tranquilamente a esperar a que una milicia decida quién controla mañana la carretera por la que necesitan escapar?Porque, claro, cuando alguien huye de una guerra, lo lógico debe ser que antes busque una embajada, pida cita, rellene varios formularios y espere educadamente una resolución administrativa. Porque la guerra, como sabemos, suele respetar escrupulosamente los plazos burocráticos.Pero examinemos, además, una de las grandes contradicciones de esta Europa que tanto teme al inmigrante: Europa mira con recelo al africano que llega a sus fronteras, pero no a las riquezas que salen de África.Sudán interesa por sus materias primas y sus recursos; Somalia interesa por su posición estratégica junto a una de las principales rutas comerciales del planeta. En una palabra: queremos. Queremos sus recursos, queremos mares seguros, queremos rutas comerciales abiertas y queremos que nuestras mercancías circulen sin interrupciones; queremos nuestra aburguesada vida occidental, donde las fronteras no existen.El problema surge cuando, detrás de las materias primas y de los intereses comerciales, aparecen seres humanos, entonces recuperamos rápidamente el discurso de que “cada uno debe quedarse en su país”. ¡Qué curiosa forma de entender la globalización!Las mercancías pueden cruzar fronteras, el dinero puede cruzarlas también, los recursos naturales pueden recorrer miles de kilómetros, los barcos pueden atravesar continentes enteros. Pero —siempre existe un pero—, cuando quien intenta atravesar la frontera es una persona negra y además pobre, descubrimos de repente que las fronteras son sagradas. Y aquí quizá se encuentre el fondo de la cuestión, porque no molesta demasiado la riqueza que sale de África, lo que parece molestar es el africano pobre que sale detrás de ella. Podemos llamarlo inmigración irregular, crisis migratoria; levantar vallas, endurecer leyes y asistir al discurso de políticos compitiendo por ver quién pronuncia con mayor solemnidad palabras como “invasión”, “avalancha” o “efecto llamada”. Pero ninguna consigna elimina una realidad elemental.Una persona no abandona fácilmente su casa, su familia, su lengua, sus costumbres y todo lo que conoce para atravesar desiertos, enfrentarse a mafias, sufrir violencia y jugarse la vida en una embarcación miserable porque una mañana se haya levantado pensando que Europa parece un lugar entretenido donde pasar una temporada. Muchos salen porque quedarse puede ser todavía más peligroso que marcharse.Quizá por eso, antes de juzgar desde nuestra seguridad a quien llama desesperadamente a nuestra puerta, convendría recordar una verdad bastante incómoda: nosotros vemos inmigrantes; ellos están intentando sobrevivir.Y quizá, esa sea la palabra que mejor explica todo lo demás: supervivencia.__________________________Annabella Martínez Calvo es socia de infoLibre

Основное содержимое страницы с новостью.

Guerras, hambre, sequías, persecución y Estados incapaces de proteger a sus ciudadanos empujan cada año a millones de seres humanos a abandonar la tierra en la que nacieron. Mientras tanto, en Europa proliferan políticos dispuestos a agitar el fantasma de la “invasión”, como si detrás de cada patera hubiese una operación perfectamente organizada para conquistar nuestro modo de vida. El problema es que los datos, siempre tan poco obedientes a los eslóganes, cuentan una historia bastante distinta.

En estos tiempos de desconcierto se escucha con demasiada facilidad aquello de “que se queden en su país” o su variante aparentemente más razonable: “que vengan, pero legalmente”. Son frases pronunciadas, generalmente, desde una vivienda con agua potable, un frigorífico con comida, electricidad, colegios, médicos y un hospital a pocos kilómetros. Y, sobre todo, desde la confortable seguridad de saber que mañana nadie bombardeará nuestro barrio, ninguna milicia entrará en nuestra casa y para llenar un vaso de agua no tendremos que caminar durante horas. Desde ese sillón, exigir paciencia, papeles y cita previa resulta extraordinariamente sencillo.

Lo complicado es explicar dónde debe quedarse quien ya no tiene ni una choza en la que refugiarse, quien carece de agua y alimentos o quien vive en un territorio dominado por grupos armados donde las mujeres son violadas y secuestradas y los hombres pueden ser asesinados por estar en el lugar equivocado.

Antes de preguntarnos por qué vienen, quizá deberíamos plantearnos una cuestión bastante más incómoda para algunos sesudos defensores de las fronteras, especialmente cuando la responden desde el sofá: ¿qué haríamos nosotros si estuviéramos en su lugar?

Veamos algunos datos capaces de estropear más de una conversación de barra de bar. En Somalia, cerca de 1,9 millones de niños necesitarán este año tratamiento por desnutrición aguda, y alrededor de medio millón padecerán desnutrición aguda grave. No estamos hablando de que en el supermercado se haya agotado nuestra marca favorita de cereales. Estamos hablando de hambre, de niños, en definitiva, hablamos de supervivencia.

Somalia acumula, además, décadas de conflictos, desplazamientos forzosos, pobreza extrema, sequías recurrentes, inundaciones, destrucción de medios de vida y una debilidad institucional que deja a millones de personas prácticamente indefensas. Y, aun así, siempre aparecerá alguien preguntando con gesto incrédulo: “¿Pero de verdad se muere gente por esto?” Sí. Se muere.

A unos miles de kilómetros, Sudán ofrece otra explicación bastante clara a ese misterio que parece desconcertar a tantos europeos y, por supuesto, también a muchos españoles: por qué una persona abandona su país.

Desde que estalló la guerra en abril de 2023, Sudán se ha convertido en una gigantesca fábrica de desplazados. Según datos de ACNUR, más de 11 millones de personas continúan desplazadas dentro y fuera del país como consecuencia del conflicto. A las bombas y a las armas se han sumado el hambre, el colapso de los servicios sanitarios, la destrucción económica y la pérdida de hogares y medios de subsistencia.

Naciones Unidas describió ya en 2025 un país en el que millones de personas habían perdido su vivienda, su trabajo o algún familiar; donde aumentaban la desnutrición y las muertes de civiles y donde buena parte del sistema sanitario apenas podía seguir funcionando.

Y entonces reaparece nuestra gran pregunta europea: ¿por qué vienen de manera irregular? ¿Por qué no se quedan en su país? En su país, ¿dónde? ¿En una ciudad bombardeada? ¿En un campo de desplazados? ¿En una región sin medicamentos ni alimentos? ¿O quizá deberían sentarse tranquilamente a esperar a que una milicia decida quién controla mañana la carretera por la que necesitan escapar?

Porque, claro, cuando alguien huye de una guerra, lo lógico debe ser que antes busque una embajada, pida cita, rellene varios formularios y espere educadamente una resolución administrativa. Porque la guerra, como sabemos, suele respetar escrupulosamente los plazos burocráticos.

Pero examinemos, además, una de las grandes contradicciones de esta Europa que tanto teme al inmigrante: Europa mira con recelo al africano que llega a sus fronteras, pero no a las riquezas que salen de África.

Guerras, hambre, sequías, persecución y Estados incapaces de proteger a sus ciudadanos empujan cada año a millones de seres humanos a abandonar la tierra en la que nacieron

Sudán interesa por sus materias primas y sus recursos; Somalia interesa por su posición estratégica junto a una de las principales rutas comerciales del planeta. En una palabra: queremos. Queremos sus recursos, queremos mares seguros, queremos rutas comerciales abiertas y queremos que nuestras mercancías circulen sin interrupciones; queremos nuestra aburguesada vida occidental, donde las fronteras no existen.

El problema surge cuando, detrás de las materias primas y de los intereses comerciales, aparecen seres humanos, entonces recuperamos rápidamente el discurso de que “cada uno debe quedarse en su país”. ¡Qué curiosa forma de entender la globalización!

Las mercancías pueden cruzar fronteras, el dinero puede cruzarlas también, los recursos naturales pueden recorrer miles de kilómetros, los barcos pueden atravesar continentes enteros. Pero —siempre existe un pero—, cuando quien intenta atravesar la frontera es una persona negra y además pobre, descubrimos de repente que las fronteras son sagradas. Y aquí quizá se encuentre el fondo de la cuestión, porque no molesta demasiado la riqueza que sale de África, lo que parece molestar es el africano pobre que sale detrás de ella. Podemos llamarlo inmigración irregular, crisis migratoria; levantar vallas, endurecer leyes y asistir al discurso de políticos compitiendo por ver quién pronuncia con mayor solemnidad palabras como “invasión”, “avalancha” o “efecto llamada”. Pero ninguna consigna elimina una realidad elemental.

Una persona no abandona fácilmente su casa, su familia, su lengua, sus costumbres y todo lo que conoce para atravesar desiertos, enfrentarse a mafias, sufrir violencia y jugarse la vida en una embarcación miserable porque una mañana se haya levantado pensando que Europa parece un lugar entretenido donde pasar una temporada. Muchos salen porque quedarse puede ser todavía más peligroso que marcharse.

Quizá por eso, antes de juzgar desde nuestra seguridad a quien llama desesperadamente a nuestra puerta, convendría recordar una verdad bastante incómoda: nosotros vemos inmigrantes; ellos están intentando sobrevivir.

Y quizá, esa sea la palabra que mejor explica todo lo demás: supervivencia.

__________________________

Annabella Martínez Calvo es socia de infoLibre

Схожие новости

#Наименование новостиТональностьИнформативностьДата публикации
1La hipocresía de un país sin memoria: cuando el odio también hace caja-5603-07-2026
2El privilegio de cruzar una frontera06.1412-08-2026
3Inhumanidad06.713-09-2026
4Europa quiere ser un infierno para los inmigrantes pero Sánchez no va a ceder06.502-07-2026
5En Somalie, la moitié des enfants déplacés dans les camps du sud-ouest souffrent de malnutrition aiguë07.5811-08-2026
6Migrantes, sospechosos habituales0530-06-2026
7La regularización extraordinaria de personas migrantes en España: preguntas y respuestas08.2508-07-2026
8En ocasiones, ve socialistas06.1402-07-2026
9Ceuta y el ataque de la derecha a España07.8802-08-2026
10Bulos y desinformaciones que utilizan imágenes de la entrada de migrantes a Ceuta del 30 de julio de 2026 como si hubieran ocurrido el 15 de agosto07.7817-08-2026

Классификация: . Схожих патентов: 0. Схожих новостей: 10. Тональность: 0. Информативность: 6.54. Источник: www.infolibre.es.