El pulso entre el Gobierno laborista y los partidos independentistas está cogiendo fuerza en el Reino Unido. La reunión de esta semana en Cardiff de los líderes de Escocia, Gales e Irlanda del Norte, ha lanzado un importante mensaje de advertencia a Londres: por primera vez las tres naciones están capitaneadas por partidos que abogan por la ruptura y todas ellas pretenden avanzar hacia la celebración de referéndums de autodeterminación en un futuro no muy lejano. Las probabilidades de éxito, sin embargo, siguen siendo escasas ante la negativa del Ejecutivo y la falta de un apoyo mayoritario de la población.
El pulso entre el Gobierno laborista y los partidos independentistas está cogiendo fuerza en el Reino Unido. La reunión de esta semana en Cardiff de los líderes de Escocia, Gales e Irlanda del Norte, ha lanzado un importante mensaje de advertencia a Londres: por primera vez las tres naciones están capitaneadas por partidos que abogan por la ruptura y todas ellas pretenden avanzar hacia la celebración de referéndums de autodeterminación en un futuro no muy lejano. Las probabilidades de éxito, sin embargo, siguen siendo escasas ante la negativa del Ejecutivo y la falta de un apoyo mayoritario de la población.
El ministro principal de Escocia, John Swinney, ha fijado 2031 como meta para la convocatoria de una nueva consulta. "Ha llegado el momento", aseguró el líder del Partido Nacional Escocés (SNP) tras destacar que la mayoría independentista en el Parlamento de Holyrood —la suma de su partido y de los Verdes escoceses— es mayor que nunca. El apoyo a la ruptura, sin embargo, sigue sin ser claramente mayoritario, una condición indispensable para que el Ejecutivo laborista permita una nueva votación.
"No hay mucho impulso ni energía política que sugiera que existe una corriente de opinión mayoritaria a favor de la independencia", explica Ben Jackson, experto en nacionalismo escocés y profesor en la Universidad de Oxford. "Podríamos imaginar la celebración de un referéndum de independencia si se produjera ese cambio en la corriente de opinión, pero para ello tendría que darse algún tipo de acontecimiento externo, como, por ejemplo, un Gobierno de extrema derecha en Londres", añade.
Reunificación de IrlandaEl ascenso electoral del Sinn Féin en Irlanda del Norte también ha dado esperanzas a los partidos republicanos para la celebración de un eventual referéndum de reunificación con Irlanda. Una posibilidad que recibió el apoyo inesperado nada menos que del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, la semana pasada en su visita a la isla. Tanto la ministra principal norirlandesa, Michelle O'Neill, como la líder del partido en Dublín, Mary Lou McDonald, confían en llevar a cabo la votación en 2030.
Pero los acuerdos del Viernes Santo, que pusieron fin a casi tres décadas de violencia sectaria en el territorio, sólo contemplan la celebración de una votación en caso de que exista una mayoría clara a favor de la reunificación. Una circunstancia que todavía no se ha dado, a pesar del declive del unionismo. "En los últimos 10 años se ha producido un descenso del 10% en el apoyo a la Unión, pero el apoyo a la unidad de Irlanda no ha aumentado al mismo ritmo", explica Sean Haughey, profesor de estudios irlandeses en la Universidad de Liverpool.
Los cambios demográficos en Irlanda del Norte, con una población joven cada vez más favorable a la reunificación, ha dado esperanzas a los partidos republicanos. Algo que se suma al posible efecto contagio que una victoria del sí en un eventual referéndum de independencia en Escocia podría provocar en el territorio. Pero este escenario, apunta Haughey, sigue estando lejos en el horizonte. "Creo que el año 2030 es un objetivo muy ambicioso y probablemente poco realista".
Nacionalismo galésEn el caso de Gales, la convocatoria de un referéndum es aún menos probable, a pesar de la victoria del partido nacionalista Plaid Cymru en las elecciones regionales del pasado mayo. Una victoria que acabó con años de hegemonía del Partido Laborista en la nación y que puso de relieve el hartazgo de la población con los partidos tradicionales. El líder de la formación, Rhun ap Iorwerth, ha descartado la convocatoria de un referéndum antes de que termine la legislatura, pero sí se ha comprometido a sentar la bases para una votación en el futuro.
Gráfica que muestra los diputados a favor y en contra de la independencia en el Parlamento de Gales.
Andrew Dowling, historiador y profesor en la Universidad de Cardiff, explica que gran parte del éxito de Plaid Cymru no se debe tanto a un auge del independentismo galés sino al cansancio de una población golpeada por el aumento del coste de la vida y la degradación de los servicios públicos. "Solo alrededor de la mitad de los votantes que votaron por Plaid Cymru en mayo apoyan la independencia de Gales. Así que hay muy pocos indicios de que estén aumentando los sentimientos nacionalistas galeses", asegura. Las encuestas más optimistas sitúan el apoyo a la independencia en cerca del 30%, un porcentaje que sigue lejos del mínimo necesario para plantear una eventual consulta.
Desafío a LondresEl memorando de entendimiento firmado este lunes por Escocia, Gales e Irlanda del Norte advierte de que "la era de Westminster está llegando a su fin". La declaración, junto a la imagen de los tres ministros principales estampando su rúbrica sobre el documento, ha lanzado un mensaje sin precedentes a los centros de poder en Londres. Pero más allá de las aspiraciones de los partidos independentistas, la posibilidad de que se produzca una ruptura de la Unión en los próximos años sigue siendo muy remota.
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James Mitchell, profesor de ciencia política en la Universidad de Edimburgo, señala que, a diferencia de los parlamentos regionales, el independentismo cuenta con una representación pequeña en el Parlamento de Westminster. "Resulta difícil imaginar cómo un número tan reducido podría ejercer una presión significativa", afirma. "El acuerdo de Cardiff no supone gran cosa más allá de ofrecer a los partidos nacionalistas una oportunidad para hacerse una foto".
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