El material procede del Cortijo de Archidona y es la referencia española para investigar barreras destinadas a aislar residuos nucleares
La explotación minera “Mis Padres” , en Níjar, es objeto de restauración
Una arcilla extraída en la Serrata de Níjar, en Almería, está ayudando a responder una pregunta difícil: ¿qué pasaría si, dentro de cientos o miles de años, una sustancia radiactiva lograra escapar del recipiente en el que fue enterrada? Un estudio publicado este lunes, 6 de julio, ha hecho la prueba con cuatro elementos. El selenio fue el que más dificultades tuvo para atravesar la arcilla y, cuanto más prensado estaba el material, más difícil resultaba avanzar.
El material procede del Cortijo de Archidona, en la Serrata de Níjar, y España lleva años estudiándolo para un uso muy concreto: rodear los contenedores en los que algún día podrían enterrarse residuos nucleares a gran profundidad. La nueva investigación añade un dato importante. Al comprimir más la arcilla de Almería, el avance de las sustancias analizadas se redujo hasta 2,8 veces.
La idea es más sencilla de lo que parece. Un residuo nuclear no se enterraría directamente en el suelo, sino dentro de un contenedor preparado para aislarlo. Alrededor se colocaría una gruesa capa de arcilla muy prensada. Si algún elemento radiactivo lograra salir del recipiente, aún tendría otro muro por delante. Ese segundo muro es el que los científicos están probando con material de Níjar.
Cuatro elementos intentan atravesar la arcilla de NíjarPara comprobar cómo funciona, los investigadores fabricaron pequeños cilindros con la bentonita almeriense. Unos estaban más prensados que otros. Después observaron cómo se movían por su interior cuatro sustancias radiactivas: agua tritiada, cloro-36, azufre-35 y selenio-75. Era, a pequeña escala, una carrera a través de la arcilla.
Y no todos llegaron igual de lejos. El agua tritiada fue la que avanzó con mayor facilidad. Detrás quedaron el cloro y el azufre. El selenio fue el más lento de los cuatro y, por tanto, el que encontró más dificultades para abrirse paso por la bentonita de Almería.
¿Por qué? La arcilla no es un bloque completamente cerrado. En su interior existen huecos diminutos por los que pueden moverse el agua y otras sustancias. Pero el selenio no solo encuentra un camino difícil: también puede interactuar con la propia bentonita y quedar retenido durante un tiempo. Dicho de otra forma, la arcilla no solo le estrecha el paso; también puede frenarlo por el camino.
Cuanto más prensada, menos espacio para avanzarLa segunda parte de la prueba confirmó algo fácil de imaginar. Cuando la arcilla de Níjar estaba más prensada, quedaban menos huecos en su interior. El espacio disponible bajó del 48,1% al 38,9% y el avance de las sustancias se redujo, según cada caso, entre 1,4 y 2,8 veces.
Es la diferencia entre intentar pasar por un montón de tierra suelta o por ese mismo material después de comprimirlo con enorme fuerza. En el segundo caso hay menos huecos y el camino se vuelve más estrecho. Para los científicos, precisamente eso es lo interesante: hacer que cualquier sustancia que escape tenga el recorrido lo más difícil y lento posible.
Pero la prueba descubrió también qué puede jugar en contra. El calor ayuda a las sustancias a moverse más rápido. Cuando la temperatura subió de 25 a 80 grados, su avance se aceleró generalmente entre tres y cinco veces. Esto importa porque los residuos nucleares desprenden más calor durante sus primeros años bajo tierra.
No significa que la arcilla deje entonces de servir como barrera. Significa que los científicos deben calcular qué ocurriría durante esa primera etapa más caliente y cómo cambiaría después, a medida que los residuos se enfriaran. Y esa es una de las dificultades de estas investigaciones: no intentan saber qué pasará mañana, sino durante periodos de tiempo que pueden durar miles de años.
Tres estudios sobre la misma arcilla de AlmeríaLa bentonita de Níjar lleva años sometiéndose a pruebas distintas para intentar responder a esa pregunta. Se conoce como bentonita FEBEX y fue elegida en España porque deja pasar muy poca agua, se hincha cuando se moja y puede cerrar parte de sus propios huecos. La arcilla que salió del subsuelo almeriense terminó así convertida en un material de referencia para estudiar cómo aislar residuos radiactivos.
El trabajo que aporta ahora la novedad fue publicado el 6 de julio de 2026 en la revista Applied Geochemistry. Se titula Diffusive behaviour of HTO, 36Cl−, 35SO4²−, and 75SeO3²− through compacted FEBEX bentonite: Temperature-dependent transport y está firmado por Álvaro Romero-Salido, J. Morejón, T. Missana, U. Alonso y M. García-Gutiérrez, investigadores del CIEMAT. Es la prueba que ha enfrentado la arcilla de Níjar a cuatro sustancias radiactivas y ha comprobado que el selenio es el que encuentra más obstáculos para atravesarla.
Dos años antes, en 2024, Carlos Mota-Heredia, Jaime Cuevas y Raúl Fernández, de la Universidad Autónoma de Madrid, habían planteado otra pregunta: ¿qué le ocurriría a esta misma arcilla junto a un contenedor metálico caliente? En el estudio Effect of Iron Chloride (II) on Bentonites under Hydrothermal Gradients: A Comparative Study between Sodium Bentonite and Calcium Bentonite, publicado en Minerals, sometieron la bentonita de Almería durante seis meses a hierro, agua salina y altas temperaturas. Incluso en esas condiciones especialmente duras, mantuvo una elevada estabilidad y su capacidad para hincharse.
En 2023, otra investigación había mirado algo todavía menos visible: los microorganismos que pueden vivir en la arcilla. El trabajo Impact of microbial processes on the safety of deep geological repositories for radioactive waste, publicado en Frontiers in Microbiology, estudió si esos seres diminutos podrían favorecer la corrosión de los contenedores o cambiar la forma en que se mueven los elementos radiactivos. Sus autores señalaron expresamente la bentonita del Cortijo de Archidona, en Almería, como el material elegido en España para este tipo de investigaciones.
Nada de esto significa que Níjar vaya a albergar un almacén nuclear ni que hoy se esté sacando arcilla de Almería para construir uno. La historia es otra. En los últimos años, la misma bentonita almeriense ha sido puesta frente al calor y el hierro, frente a los microorganismos y, ahora, frente a cuatro sustancias radiactivas. Cada prueba intenta descubrir un punto débil distinto. Y todas persiguen lo mismo: saber si una barrera de arcilla puede seguir frenando lo que guarda dentro cuando hayan pasado cientos, miles o incluso decenas de miles de años.