En el pantalán de la Marina Real de A Coruña ondean banderas de múltiples países, desde el norte de Europa a Australia, en las embarcaciones que atracan estas semanas de verano en la ciudad y sus propietarios se lanzan a las calles para conocer el lugar o reponer víveres. Entre los muelles se escuchan hablantes de idiomas variados que se convierten al inglés con acento para entenderse con los compañeros de navegación. Varios de estos, al ser preguntados por la motivación para detenerse en el Real Club Náutico, hablan tanto de la buena reputación de las instalaciones como de la variada oferta de establecimientos o profesionales que reparan barcos; pasando por una motivación meramente turística.
En el pantalán de la Marina Real de A Coruña ondean banderas de múltiples países, desde el norte de Europa a Australia, en las embarcaciones que atracan estas semanas de verano en la ciudad y sus propietarios se lanzan a las calles para conocer el lugar o reponer víveres. Entre los muelles se escuchan hablantes de idiomas variados que se convierten al inglés con acento para entenderse con los compañeros de navegación. Varios de estos, al ser preguntados por la motivación para detenerse en el Real Club Náutico, hablan tanto de la buena reputación de las instalaciones como de la variada oferta de establecimientos o profesionales que reparan barcos; pasando por una motivación meramente turística.
En el primer tramo de este puerto coruñés, un jubilado holandés repara varios tramos de cuerda y guarda provisiones no perecederas en una escotilla de la superficie de su velero. "Desde aquí pesco, coloco un taburete y puedo echarme horas, aunque no pique nada", bromea. Prefiere mantener el anonimato, aunque se relaciona con los barcos vecinos desde su llegada varios días atrás. "He conocido a polacos, una pareja de Malta, varios belgas y muchos franceses. El mundo de la navegación no entiende de fronteras", relata sobre su experiencia en la Marina Real, de donde partirá hacia el sur, sin un destino cerrado.
Para el velerista francés Simon Walter, la parada en A Coruña ha sido "un respiro, como un aparte de la ruta". Tras unos días en la ciudad reconoce estar sorprendido tanto por la arquitectura como por la calidad de la comida. "Viajo con mi pareja y queremos comprobar también la calidad del vino", anota. Este turista recorrió toda la costa atlántica francesa, unos 700 kilómetros de litoral reconocido por paradas como La Rochelle, Arcachon o Biarritz; y también recaló en algún punto de la cornisa cantábrica. "Sabemos que en cualquier momento puede cambiar el tiempo, pero aquí se está mejor tanto por la temperatura como por la luz", detalla.

El navegante francés, Simon Walter, posa en el pantalán de Marina Real. / Carlos Pardellas
"No esperaba encontrarme una ciudad así cuando atraqué. Hemos recorrido la zona antigua y también llegamos a las playas, que nos han sorprendido por su tamaño. Es nuestra primera vez en A Coruña y sabemos por otros amigos que aquí puedes estar unos días, reparar algo en el barco si se necesita, y encontrar todo tipo de víveres. Otros puertos son más limitados o no gozan de demasiada oferta", afirma.
Jubilarse en Grecia, un viaje solo de idaLlegados desde Finlandia, Seija Virtanen y su familia descansan a bordo de su velero, con el que salieron desde una pequeña localidad del país escandinavo. "Cuando nos marchamos, también vino la prensa para entrevistarnos y que contásemos nuestra historia", expone la mujer. Este matrimonio, en compañía de su hija y su perra, han vendido sus propiedades y dejan atrás su vida para retirarse en Grecia, a donde planean llegar en unas semanas. "Este viaje es distinto, no tanto como el definitivo, pero es el gran cambio", comenta Virtanen.

La familia Virtanen, de Finlandia, que atracó en A Coruña durante su ruta a Grecia. / Carlos Pardellas
"Después de una vida de trabajo, tomamos la decisión de jubilarnos y pasar nuestros últimos años en la costa griega, en algún pueblo, porque amamos el Mediterráneo. Nos ha llevado dos o tres años planearlo todo, desde la ruta a los trámites necesarios, y en ese tiempo hemos terminado con nuestras obligaciones laborales. Nos hemos traído incluso a Sheila, nuestra perra, que es una marinera más. Nuestra hija nos acompaña, pero cuando comienza el curso educativo ha de regresar a la universidad", explica la mujer.
Su siguiente parada será cerca de Oporto y han aprovechado su parada en A Coruña para reponer las alacenas, conocer la gastronomía local y "disfrutar de un tiempo que permite vivir a cualquier hora del día". "Es una parada perfecta. Si hay algo que me gustaría destacar sobre esta ciudad es la seguridad, dicho en comparación a otros puertos en donde hemos atracado. Aquí no sentimos peligro ni la sensación de que algo pueda suceder", expone Virtanen.
De Sudáfrica a Australia por el rugbyPara el sudafricano Colin Burns, la navegación es un modo de vida y cuenta más las veces que para en tierra que el tiempo que pasa en el mar. "La última vez estuve unas semanas entre Gales y Escocia, pero volví al mar, como siempre", comenta a bordo de su velero, también en la Marina Real, mientras termina de publicar contenido en sus redes sociales. Este marinero quiere llegar a Australia en octubre de 2027 para la celebración de la copa mundial de rugby y para ello se mueve por el mundo con una misión y no por los itinerarios más cortos. "Me dedico a recoger mensajes de apoyo para los equipos que jugarán en la competición", indica.

El navegante Colin Burns, de Sudáfrica, que se dirige a Australia para la copa del mundo de rugby, en octubre de 2027. / Carlos Pardellas
"El Club de Rugby Arquitectura Técnica (CRAT) de A Coruña ha enviado una camiseta con un mensaje para Los Leones, de la Federación Española de Rugby. Este es mi trabajo y mi pasión, todo el mundo es bienvenido a subir a bordo. Llevo cuatro años en el mar y seguiré un tiempo más así. Después de A Coruña seguiré bajando por Portugal, cruzaré a Marruecos y hasta las Islas Canarias. Me meteré en el Atlántico, con 28 días de navegación sin pisar tierra firme, y atravesaré el canal de Panamá, pararé en las Islas Fiji o en Tonga. Viajo con una pequeña tripulación, entre la que se encuentra una navegante retirada de la Marina estadounidense", explica Burns.
A Coruña le ha parecido una parada "tan útil para rellenar los armarios de comida como para reparar pequeños imperfectos que pueden surgir". "Se necesitan varios paseos para conocerla, así que volveré a la ciudad", apunta. Burns señala que cuenta con paneles solares a bordo para generar energía y potabilizadoras de agua, todo en caso de emergencias. También explica que cualquiera persona que aporte puede unirse a su viaje y bajarse cuando lo necesite. "En Panamá recojo a un mochilero que está retransmitiendo su vuelta al mundo sin volar en avión", sentencia.
Suscríbete para seguir leyendo