La crisis energética desatada por la guerra en Irán evidencia la necesidad de garantizar un suministro propio y confiable en Euskadi
23/05/2026 Actualizado 02/07/2026 - 14:04h.
La guerra de Irán ha desencadenado la segunda crisis energética en Europa en menos de cinco años , tras la ya vivida por el conflicto de Ucrania, y ha enviado un mensaje de alerta que urge a buscar fórmulas que garanticen el suministro y que lo hagan sin que las empresas del territorio pierdan competitividad. EL CORREO ha reunido a expertos de cuatro agentes clave frente a este reto en una mesa redonda del ciclo Mundo Futuro que ha llevado por título 'Seguridad y Competitividad en el suministro energético a Euskadi', y que ha contado con el patrocinio de Iberdrola. La viceconsejera de Transición Energética del Gobierno vasco, Irantzu Allende; el CEO de Iberdrola Renovables, Julio Ramón Castro; el CEO de Ingeteam, Adolfo Rebollo; y el investigador sénior y coordinador de energía del instituto vasco de competitividad Orkestra, Jorge Fernández, han apuntado en un debate moderado por la responsable de Economía, Ana Barandiaran, y presentado por la periodista Marta Madruga, las soluciones en las que trabajan para garantizar una soberanía energética en el entorno.
La clave en la que coinciden las cuatro entidades es la apuesta por un recurso propio que abunda en el territorio. «La energía más autóctona de la que podemos disponer es la renovable», destaca el responsable de Iberdrola, quien recuerda que la península cuenta con unas condiciones orográficas y climáticas que garantizan el suministro de viento –en torno a 3.000 horas anuales–, sol –casi 2.000– y un potencial hidrográfico difícilmente comparable. Juntas han mantenido los precios energéticos entre los 40 y 60 euros el megavatio, frente a los 150 y hasta 200 que han sufrido los vecinos europeos por el bloqueo del estrecho de Ormuz. «A parte de mantener esa independencia energética, estos recursos nos permiten también ser competitivos», subraya Castro.
En esta línea incide también la representante del Ejecutivo autonómico, que manifiesta la necesidad de reducir la tasa de dependencia en combustibles fósiles no solo desde el punto medioambiental, sino como «una decisión económica estratégica para nuestra industria». «Con los datos sobre la mesa, la industria vasca ya ha hecho muchos deberes», subraya Allende, quien destaca que frente al 56% de estos recursos fósiles a los que recurre de media Europa y el 49% España, Euskadi lo hace en un 46%. Y algo similar ocurre con la utilización de la energía eléctrica, que alcanza un 43% en el territorio frente al 31% de toda Europa. Además, la viceconsejera defendió apostar por la eficiencia energética –especialmente con una industria propia altamente electrointensiva–, unas políticas que incentiven el autoconsumo –para lo que disponen de programas de ayudas– y la exploración de otras alternativas para aquellas actividades que no siempre se pueden electrificar, como el hidrógeno o los combustibles renovables.
Por su parte, desde Orkestra han manifestado que la «autonomía estratégica» en materia energética sobre la que ya alertaron los informes de Letta y Draghi requieren de una diversificación de proveedores que actualmente escasean en Petróleo y, sobre todo, en gas natural. Aunque desde la invasión de Ucrania se ha producido una sustitución de este recurso que provenía de Rusia, actualmente Estados Unidos ha alcanzado una cuota peligrosa que concentra ya casi dos tercios de todo el que importa la Unión Europea. «Para diversificar las fuentes de suministro necesitamos relaciones diplomáticas y comerciales con determinados países como, por ejemplo, Argelia o Nigeria», sostiene Fernández, quien también plantea un debate más «honesto y científico» sobre otra fuente energética, la energía nuclear.
Para la empresa Ingeteam es importante remarcar que el 40% de las emisiones mundiales de CO2 provienen actualmente de la generación eléctrica, una práctica que hay que erradicar y para la que el territorio tiene mucho que aportar «con unos recursos tanto solares como eólicos envidiables». «Hay que fomentar un uso más intensivo de la electricidad y para aprovechar ese recurso renovable necesitamos también poder almacenar esa energía», sostiene Rebollo, incidiendo en que es la principal flaqueza que tiene este recurso. En este sentido centró su apuesta no en el hidrógeno, que como almacenamiento de energía para uso final en forma de electricidad tiene una eficiencia de solo el 40%, sino en la opción hidráulica, que permite aprovechar hasta un 98%.
A este respecto, el CEO de Iberdrola Renovables destacó que aunque las baterías electroquímicas «ya son un hecho tecnológico –Ingeteam es prueba de ello–, y es una alegría que ya funcionen», por el momento «todavía no cumplen la misión de almacenar la energía a largo plazo». Esto sí sucedería con el sistema hidroeléctrico que puede proporcionar tantas horas de autonomía como agua se almacene en un vaso superior para generar electricidad a través de una turbina. Aquí las limitaciones provienen tanto de un nivel ambiental –alterando el entorno, aunque se podría utilizar la cadena de embalses ya existentes– como de «unas inversiones brutales» que necesitarían largos periodos de concesión para amortizar la inversión y una fórmula de financiación que Castro comparó con las brigadas de bomberos. «No cobran por cada fuego que apagan, sino por estar disponibles cuando se los llama», señaló en un debate en el que también se han lanzado referencias al apagón vivido hace ahora un año.
Además, los participantes en el encuentro también han advertido la necesidad de actuar en la fiscalidad. En este sentido, la viceconsejera lamenta que si bien la energía es más barata en la península que en el resto de Europa, «la factura que paga la industria es un 165% más cara que en Francia y un 35% mayor que en Alemania», algo que repercute directamente en la competitividad de un sector altamente consumidor en Euskadi. «Por eso pedimos que las medidas implantadas recientemente por el Ministerio no sean coyunturales, porque para la industria no ayudan a tomar decisiones de inversión, sino estructurales». «Hacen falta medidas como la eliminación del impuesto de producción de generación renovable, la reducción del impuesto especial a la electricidad y la eliminación o la reducción del IVA eléctrico, que creemos que van en contra de la apuesta por la electrificación hacia la que se dirigen las políticas europeas», defiende.