Grupo Joly, con el patrocinio del Ayuntamiento de La Rinconada y la colaboración de Cajamar, Patatas Meléndez y Asociafruit, organiza la Noche de la Patata, un encuentro clave que reivindicó el valor de la patata nueva
La localidad sevillana de La Rinconada acogió el pasado miércoles una de las citas más representativas del sector patero andaluz: La Noche de la Patata, un foro de debate y reflexión impulsado por Grupo Joly con el patrocinio del Ayuntamiento de La Rinconada y la colaboración de Cajamar, Patatas Meléndez y Asociafruit. El acto, que reunió a productores, distribuidores, envasadores, representantes de la administración y expertos del sector, tuvo lugar en un formato de coloquio abierto moderado por Alberto Grimaldi, subdirector de Diario de Sevilla y coordinador de El Conciso, el medio de comunicación del grupo especializado en información económica.
Entre los ponentes presentes se encontraban Luis Marín, gerente de Asociafruit; Marco Macondo, presidente del sector de Contagri y representante de Bioveg; Juanjo Santa María y Javier Boceta, de Meijer; Julio Casado y Rubén López, directores de Cadena Agroalimentaria de Mercadona en Castilla y León y en Andalucía, respectivamente; Pepe Porcel, productor y representante de Agrico; José Peláez, productor y representante de Patatas Arrebola; Juan Manuel, productor y presidente de Frusana; Sergio Sánchez López, director Comercial para España de Agrobio; Alfonso Sáez de Carmona, gerente de UDAPA y presidente del Comité de Patata en FEPEX; Juan Manuel Coello de Paz, director de operaciones de Patatas Meléndez; Antonio Fernández Domínguez, representante de Epigen Health y Bite; y los representantes del Ayuntamiento de La Rinconada: Raquel Vega, primera teniente de alcalde y delegada de Economía; Manuel Coronel, delegado de Agroindustria; y Juan Carlos Expósito, delegado de Entidades Supramunicipales y presidente de la Asociación Comarcal Gran Vega de Sevilla.
Un sector estructurado, pero bajo presiónEl debate arrancó con una mirada panorámica al estado actual del sector, marcado por la incertidumbre de precios, las turbulencias climáticas y la competencia exterior. Desde el principio, los participantes coincidieron en que la patata nueva es un cultivo de alto valor pero sometido a una presión creciente en todos sus eslabones.
Uno de los primeros en tomar la palabra fue Marco Macondo, quien trazó un diagnóstico descarnado de la campaña: “El año pasado fue un desastre en España y hoy nos estamos preparando para un caos de pérdida. Ha habido una reducción de hasta el 25 % de superficie”. Macondo explicó que el sector se articula en torno a tres pilares fundamentales: las cadenas de supermercados, el mercado mayorista y las fábricas de transformación, y alertó de que la industria transformadora no ha actuado con suficiente seriedad a la hora de planificar la campaña, confiando en que la patata francesa compensaría los déficits de producción.
La presencia de Julio Casado y Rubén López, de Mercadona, aportó la perspectiva de la gran distribución. Julio Casado subrayó el compromiso de la cadena con la patata nueva y con la planificación: “Nosotros planificamos con los proveedores las campañas y el suministro está asegurado”. Rubén López, por su parte, señaló que la tendencia de consumo de patata fresca, que durante años había permanecido estancada o incluso en retroceso, parece haber cambiado de signo: “El consumo de patata fresca ha tomado una nueva dirección y poco a poco se va consumiendo más. Eso es positivo y lo que queremos es que esa tendencia siga creciendo”.
Desde el lado productor, la visión era más cautelosa. Varios agricultores presentes describieron un panorama de elevados costes y enorme riesgo financiero. “El coste de producción de una hectárea de patata está actualmente entre 15.000 y 18.000 euros, y no todo el mundo quiere apostar esa cantidad al campo abierto con todos los problemas climáticos que tenemos”, señaló uno de los productores participantes. El cultivo de la patata exige, según los asistentes, una profesionalización creciente que está dejando fuera a los agricultores de menor dimensión, aunque a la vez está consolidando el sector en manos de explotaciones más grandes y mejor organizadas.
“Creo en la innovación y queremos seguir avanzando en esa dirección” Raquel Vega, Teniente Alcalde La RinconadaEl precio: el nudo gordiano del debate
Ningún asunto generó más tensión en la mesa que el precio. La discusión sobre el valor de la patata nueva en origen, su traslado al consumidor y la forma de establecer contratos justos y transparentes ocupó buena parte de la velada y destapó posiciones muy distintas entre los distintos eslabones de la cadena.
La persistencia de la patata de conservación en los lineales y en los mercados centrales, incluso cuando ya ha comenzado la temporada de la patata nueva, fue señalada como uno de los grandes males estructurales del sector.
La referencia al consumidor final estuvo muy presente. Varios participantes defendieron que el precio de la patata nueva al público, en torno a dos euros el kilo, no es caro en términos absolutos: “Con un kilo de patata puede comer una familia durante dos días y el coste de un plato se sitúa entre 15 y 25 céntimos. Eso no puede llamarse caro”. Sin embargo, se reconoció que un segmento importante de los consumidores sigue optando por patata de conservación de menor precio por razones económicas, lo que complica la penetración de la patata nueva en determinados mercados.
Alfonso Sáez de Carmona, gerente de UDAPA, defendió con firmeza la necesidad de la contractualización y la planificación: “Lo que hay que hacer es contractualizar. No se puede sembrar sin tener la producción vendida. Eso es un gran problema”. Sáez de Carmona fue también uno de los más críticos con la falta de transparencia en la formación de precios y abogó por que exista confianza entre todos los eslabones de la cadena para que se pueda ganar dinero en todos los niveles.
Uno de los productores presentes describió con crudeza la paradoja del riesgo: “Un año puedo sacar 45.000 kilos por hectárea, pero al año siguiente saco 20.000. El problema no es solo la repercusión en los gastos, es que ese año no tengo dinero para seguir jugando al año siguiente. Me lo juego todo”. Esta exposición al riesgo climático y de mercado, sin mecanismos suficientes de cobertura, fue identificada como uno de los principales factores de desincentivación para los agricultores.
Un instante del debate moderado por Alberto Grimaldi.
Calidad, diferenciación y comunicación al consumidor
Uno de los consensos más claros del debate fue la necesidad de comunicar mejor las bondades de la patata nueva al consumidor final. Antonio Fernández Domínguez, representante de Epigen Health y Bite, planteó la cuestión con nitidez: “Se habla de calidad, de información, de alianzas, pero falta una organización interprofesional. Ese es el primer paso y la herramienta que otros países ya tienen y que en España nos falta”.
El representante de Patatas Meléndez, Juan Manuel Coello de Paz, incidió en la misma dirección, señalando que la calidad sin diferenciación visible en el punto de venta no llega al consumidor: “Si yo voy a un supermercado a comprar una bolsa de patatas, no sé lo que estoy comprando. Una me pone todo uso culinario, otra para freír, otra para cocer, y a veces solo pone ‘bolsa de patatas’. El consumidor no tiene la información que necesita para tomar una decisión de compra consciente”.
Varios productores pusieron sobre la mesa la singularidad de la patata nueva de La Rinconada: la precocidad, el sabor, la calidad organoléptica derivada de los suelos de la Vega del Guadalquivir. “Aquí tenemos el origen más temprano de Europa para producir patatas”, subrayó uno de los participantes. “La patata nueva vale para todos los usos culinarios y eso es una ventaja competitiva que tenemos que aprender a comunicar”. La reflexión de fondo era que el sector ha mejorado mucho en producción y en integración con la distribución, pero que aún le queda un largo camino en la promoción y en la construcción de una identidad de marca territorial sólida.
Los participantes en la Noche de la Patata debatieron sobre los principales retos del sector en La Rinconada.
/ juan carlos muñoz
El agua, un activo estratégico bien gestionado
El debate sobre el agua, uno de los grandes condicionantes de la agricultura andaluza, arrojó un panorama más optimista de lo esperado. La Rinconada cuenta con una posición privilegiada gracias a la conjunción del acuífero del río Guadalquivir y las concesiones de la Confederación Hidrográfica, lo que la sitúa como una de las zonas con mayor seguridad hídrica para el cultivo de la patata nueva en el sur de Europa.
Varios de los presentes explicaron el mecanismo singular del sistema hídrico local: el agua salada del estuario actúa como una cuña que empuja el agua dulce hacia el interior, garantizando el abastecimiento de los acuíferos de la zona. “La Rinconada tiene una calidad de suelo excepcional, con nueve metros de grava que actúan como un gran pantano subterráneo. Mientras el río tenga agua, este suelo tiene en torno a siete metros de agua disponible. Es una reserva enorme”, explicó uno de los productores locales. Además, el sector ha protagonizado una transformación notable en los sistemas de riego en la última década. “Hace diez o quince años, aquí casi todo se regaba a manta, con consumos de diez o quince mil metros cúbicos por hectárea. Hoy, con el goteo, hemos pasado a consumir entre 2.500 y 4.500 metros cúbicos por hectárea”, señaló otro de los asistentes. Este salto en la eficiencia hídrica no solo tiene un impacto positivo en el medio ambiente, sino que también mejora la competitividad de la producción local.
Se destacó además que el cultivo de la patata es la fuente de hidratos de carbono que menos huella hídrica tiene. “Si siembras con riego por goteo, consumes en torno a 2.500 metros cúbicos por hectárea para una producción de 40.000 kilos. Eso es muy poco comparado con el maíz o el arroz. Eso también hay que contárselo al consumidor”, apuntó uno de los participantes. La evolución de la normativa sobre el uso del agua fue, sin embargo, otro punto de fricción con la administración. Varios productores se quejaron de la creciente complejidad regulatoria y de los costes asociados al cumplimiento de los nuevos requisitos sobre gestión de cauces y aguas de escorrentía.
“No se puede sembrar sin tener la producción vendida. Eso es un gran problema” Alfonso Sáez de Carmona, UDAPAEl papel de la administración: entre el apoyo y la frustración
La primera teniente de alcalde del Ayuntamiento de La Rinconada, Raquel Vega, fue una de las voces más activas del coloquio. En representación del consistorio que patrocinó el evento, Vega subrayó el compromiso del municipio con el sector agrario y trazó las líneas estratégicas del trabajo institucional en este ámbito.
La edil explicó que el Ayuntamiento ha apostado por posicionar La Rinconada como territorio agro, una iniciativa reciente que busca reivindicar el papel del campo en la identidad y la economía del municipio. “Llevamos años trabajando con los agentes del sector para abordar los problemas en común, y eso se hace juntándonos a reflexionar, aunque sea durante unas horas, para sacar conclusiones”, continuó. Entre las preocupaciones del consistorio señaló el relevo generacional, el cambio climático, la competencia francesa y la necesidad de ser más eficientes desde el punto de vista tecnológico. “Evidentemente hay que seguir trabajando en incentivos de modernización del campo. Creo en la innovación acercada a la agricultura y queremos seguir avanzando en esa dirección”.
Varios productores coincidieron en señalar el peso insoportable de la burocracia para explotaciones de pequeño y mediano tamaño. “No tengo capacidad de leer el BOE todos los días ni de implementar toda la normativa que se publica. Estamos permanentemente incumpliendo porque no tenemos capacidad ni siquiera de conocer lo que hay que hacer. Y cuando necesitamos ayuda, tardamos meses en obtener respuesta”, resumió uno de ellos. Raquel Vega, desde el Ayuntamiento, reconoció estas dificultades y abogó por una simplificación administrativa: “Me gustaría que se trabajara en una simplificación que agilizara que el dinero llegara lo antes posible. Hay que tomar nota y trabajar en esa dirección. Hay que seguir apostando por los incentivos de modernización del campo”.
La Noche de la Patata dejó una conclusión transversal: el sector de la patata nueva sevillana se sabe fuerte por calidad, origen, precocidad y profesionalización, pero también consciente de sus debilidades. Los costes, la volatilidad de precios, la competencia exterior, la promoción insuficiente, la dimensión empresarial, la burocracia, el relevo generacional y la mano de obra son desafíos que no admiten soluciones aisladas.