De Eclipse a 2001: Una odisea del espacio, estas seis películas demuestran que el cine lleva décadas encontrando en los eclipses el escenario perfecto para cambiar el destino de sus protagonistas.
El próximo 12 de agosto, el cielo volverá a regalar uno de esos espectáculos capaces de detener el tiempo durante unos minutos. Los eclipses solares siguen despertando la misma fascinación que hace siglos: un fenómeno astronómico tan extraordinario que ha inspirado mitos, supersticiones y teorías de todo tipo.
El cine tampoco ha sido ajeno a esa fascinación. Los eclipses han aparecido en películas de todos los géneros, ya sea como el detonante de la historia, un giro de guion o un elemento visual capaz de hacer una escena todavía más impactante. En ocasiones aparecen como un acontecimiento real que altera el rumbo de los protagonistas; en otras, funcionan como una poderosa metáfora de la oscuridad, el conflicto o la transformación.
Desde el romance sobrenatural de Eclipse hasta el universo de Dune, pasando por la ciencia ficción de Stanley Kubrick o la acción de Lara Croft: Tomb Raider, estas seis películas demuestran que, cuando el Sol desaparece durante unos instantes, rara vez es solo un fenómeno astronómico. En la gran pantalla, un eclipse siempre anuncia que algo importante está a punto de ocurrir.
La saga Crepúsculo: Eclipse (2010)
Encabezando la lista tenemos Eclipse, de la saga Crepúsculo. La tercera entrega de la historia protagonizada por Bella Swan, Edward Cullen y Jacob Black llevó a los cines el momento más esperado de la saga, el del gran dilema amoroso de su protagonista. Aunque el eclipse solar no tiene un papel protagonista en la trama, su título resume el conflicto que atraviesa toda la película: el instante en el que Bella siente que dos vidas completamente distintas compiten por ocupar el mismo lugar.
La elección del nombre no es casual. Igual que un eclipse ocurre cuando un cuerpo celeste oculta temporalmente a otro, Bella vive atrapada entre dos fuerzas opuestas: la vida humana que representa Jacob y la inmortalidad junto a Edward. Esa idea de transición, de oscuridad momentánea antes de tomar una decisión definitiva, atraviesa toda la película y convierte a Eclipse en una de las referencias cinematográficas más populares cuando se habla de este fenómeno astronómico.
Lara Croft: Tomb Raider (2001)
Si en Eclipse el fenómeno funciona como una metáfora, en Lara Croft: Tomb Raider es el auténtico motor de la historia. La película arranca cuando Lara descubre que una rara alineación planetaria está a punto de producirse y que ese acontecimiento permitirá reunir las dos mitades del Triángulo de la Luz, un antiguo artefacto con el poder de controlar el tiempo. A partir de ese momento comienza una carrera contrarreloj para impedir que caiga en las manos equivocadas.
Protagonizada por Angelina Jolie, esta adaptación del popular videojuego convirtió el eclipse en mucho más que un recurso visual. En la película, el fenómeno marca el momento exacto en el que puede cambiar el destino de la humanidad y condiciona cada uno de los movimientos de la protagonista.
Apocalypto (2006)
Pocas películas han utilizado un eclipse de forma tan impactante como Apocalypto. Dirigida por Mel Gibson, la historia sigue a Jaguar Paw, un joven maya capturado por una tribu rival y condenado a ser sacrificado. Justo cuando parece que su destino está escrito, el Sol comienza a desaparecer y un eclipse detiene la ceremonia. Los sacerdotes interpretan el fenómeno como una señal divina y deciden poner fin a los sacrificios, cambiando el rumbo de la historia en cuestión de segundos.
Más allá de las licencias históricas de la película, la escena refleja una realidad: durante siglos, los eclipses fueron interpretados por muchas civilizaciones como mensajes de los dioses o presagios capaces de alterar el destino de un pueblo. Apocalypto aprovecha esa creencia para construir uno de los giros narrativos más memorables del cine reciente, demostrando cómo un fenómeno astronómico puede convertirse en el auténtico protagonista de una escena.
Ladyhawke (1985)
Mucho antes de que los eclipses se convirtieran en un recurso habitual de la ciencia ficción, Ladyhawke ya los utilizaba como el corazón de su historia. Este clásico de fantasía, protagonizado por Michelle Pfeiffer, Rutger Hauer y Matthew Broderick, cuenta la historia de dos amantes víctimas de una maldición: ella se transforma en halcón durante el día y él en lobo durante la noche. Siempre están juntos, pero nunca pueden verse en su forma humana.
La única posibilidad de romper ese hechizo llega con un eclipse solar. Cuando el orden natural se altera, también lo hace la maldición que los mantiene separados, convirtiendo el fenómeno astronómico en un momento decisivo para los protagonistas. Casi cuarenta años después de su estreno, Ladyhawke sigue siendo una de las películas que mejor ha sabido utilizar un eclipse como parte esencial de su relato, y no solo como un espectacular efecto visual.
Dune (2021)
En Dune, Denis Villeneuve demuestra que los fenómenos astronómicos también pueden ser una herramienta para construir un universo. A lo largo de la película, el director juega con las alineaciones de los astros y los cielos de Arrakis para transmitir la inmensidad y la extrañeza de este planeta desértico. Entre esas imágenes destaca un eclipse parcial que tiñe el paisaje de una luz inquietante y contribuye a reforzar la atmósfera casi mística que envuelve la historia.
Aunque el eclipse no impulsa la trama como ocurre en otras películas de esta lista, sí ayuda a definir la identidad visual de Dune. Villeneuve utiliza el cielo como un elemento más de la narración, creando algunas de las estampas más impresionantes de la ciencia ficción reciente.
2001: Una odisea del espacio (1968)
Pocas películas han influido tanto en la forma de representar el universo en el cine como 2001: Una odisea del espacio. La obra maestra de Stanley Kubrick no gira en torno a un eclipse como tal, pero sí regala una de las imágenes más icónicas de la historia del cine: la alineación del Sol, la Tierra y la Luna al comienzo de la película, acompañada por los primeros compases de Así habló Zaratustra. Una secuencia que, más de medio siglo después, sigue siendo sinónimo de exploración y fascinación por el cosmos.
Más que utilizar los cuerpos celestes como un simple telón de fondo, Kubrick los convierte en parte del lenguaje de la película. La inmensidad del espacio, el silencio y la precisión con la que retrata los movimientos de los astros marcaron un antes y un después en la ciencia ficción. Aunque aquí el eclipse no sea el protagonista, pocas películas han sabido transmitir tan bien el asombro que produce levantar la vista al cielo.