Tengo 69 años. Nací y vivo en Barcelona. Separada, con una hija de 35 años,. (Foto: Xavier Cervera)
Hay que bajar
A Silvia Tarragó la conozco desde hace años. Trabajó para la pública hasta que cambió a la privada. Las consultas que ha tenido a lo largo del tiempo, con su diván, sus alfombras, sus libros y sus curiosos cuadros, parecen transportarte a la época de Carl Jung, su gran maestro. Heredera de su filosofía, ha ampliado esa mirada desde el estudio del significado profundo de los cuentos hasta la mitología. En su último libro, La diosa silenciada (Ánima), rescata a Perséfone, la hija de Deméter raptada por Hades y llevada al inframundo. Tarragó lee en ese viaje un descenso a las profundidades de uno mismo, donde habita todo aquello que preferimos no mirar. Frente a una sociedad empeñada en evitar el malestar, reivindica la necesidad de bajar alguna vez a nuestro propio Hades, sostener lo que encontremos y regresar de allí más conscientes.
Usted trabaja con los sueños.
Los considero, porque dan información de cómo está tu alma en ese momento.
¿Alma?
Entienda alma por psique, que es lo mismo. Y aflora en los sueños.
¿Cuál fue la gran intuición de Carl Jung?
Que la mitología era la psicología de la antigüedad. Aquellos griegos ya habían intuido cómo funcionamos los seres humanos. Pensamos que los mitos son historias antiguas que ya no tienen nada que ver con nosotros, pero siguen representándonos.
¿Por ejemplo?
Venus representa nuestros impulsos de placer; Marte, los agresivos. Los mitos hablan de nosotros, por eso seguimos volviendo a ellos.
¿Y conocer la mitología de qué me sirve?
Los mitos nos dan un pequeño esquema para comprender cómo funcionamos ante las incertidumbres de la vida. En Delfos, “conócete a ti mismo” era casi una obligación moral.
Saturno se comía a sus hijos, ¿qué nos enseña eso?
Saturno, luego Cronos, representa el tiempo, y el tiempo nos devora a todos. Un día nos levantamos y tenemos 70 años. Ese es Saturno.
Los dioses griegos eran bastante crueles.
Son crueles, listos, tontos, brillantes, valientes, tramposos, raptan, violan... Los dioses somos nosotros mismos.
¿Los arquetipos son maneras de ser?
Maneras de ser y situaciones humanas que se repiten. Ulises, por ejemplo, representa un proceso de maduración: parte de casa herido, desde la modestia, y sabe pedir ayuda.
¿El viaje a Ítaca es un camino de vida?
No se puede ir a Ítaca en vuelo chárter: hay que hacer todo el recorrido, con las pruebas que nos pone la vida. Ahora un cíclope, ahora una maga, ahora unas sirenas...
¿Qué dios griego gobierna hoy?
Hermes. Es el dios de la comunicación, el mensajero alado, el veloz. Hablamos mucho y hablamos poco en serio. Una colega dice que “la gente narra el partido”: cuenta lo que ha ocurrido, pero no piensa sobre lo ocurrido. Hablar en serio es abrir preguntas.
¿Por qué necesitamos ir tan al fondo?
Porque tendemos a huir de las emociones desagradables, y nos traen muchísima sabiduría. Los griegos lo representaban mediante el Hades.
¿El inframundo?
Para los griegos, el Hades era el lugar al que iban las almas. No tenía la connotación cristiana de torturas, fuego y castigo.
Perséfone bajaba al Hades todos los años.
Perséfone es raptada por Hades, y todos hemos sentido alguna vez ese rapto. Si te has enamorado de verdad, has sido raptada: ya no eres completamente dueña de ti. Si has sentido odio o un dolor profundo, también: una emoción te ha arrastrado al fondo.
¿Qué hacemos cuando estamos allí?
No salir corriendo. No invito a sufrir; invito a que, cuando llegue el sufrimiento, lo tratemos con respeto y nos preguntemos qué nos está diciendo. Sostenerlo, escribir, contárselo a un amigo... Comprender lo vivido y salir un poco más viejos y más sabios.
¿Qué es Ítaca?
El sí mismo, el hogar interno.
¿Y cómo sobrellevar el cuestionamiento de uno mismo?
Intentando comprender qué sentido tiene lo que nos ocurre. Pensar “ahora me toca una sirena, ahora un cíclope, una Circe...” ayuda a entender que estamos atravesando algo.
¿Y cuando se nos rompe el alma?
Naturaleza, arte. Yo receto poesía. Leer a los grandes poetas ayuda muchísimo al alma.
¿El sufrimiento es necesario?
La frustración y la profundidad son vías hacia la sabiduría. Si creyéramos, desde el narcisismo infantil, que el mundo nos lo debe todo, seríamos unos insufribles. Cuando conoces a alguien tierno, comprensivo y sabio, normalmente hay vida detrás.
¿Qué ve usted en su consulta?
Mucha falta de sentido y mucha traición a uno mismo. Da muchísima tristeza ver hasta qué punto algunas personas han elegido vidas que no las representan y ahora no saben cómo deshacer el entuerto.
¿Qué es lo mejor que podemos hacer por nosotros mismos?
Portarnos un poco mal. Nos portamos todos demasiado bien: obedecemos, pagamos impuestos, cruzamos cuando toca... Yo prescribiría decir que no tres veces al día. No estar tan pendiente de “¿me querrán si digo que no?”. Pues quizá no.
¿Qué diría Jung de nuestro tiempo?
Murió en 1961 preocupado porque veía al ser humano perdido. Creía que nuestros símbolos religiosos se habían desgastado y habíamos perdido aquello que nos orientaba y daba sentido y alimentaba el alma.
No quiero ser una desalmada.
Pues entonces recuerde que no solo nosotros tenemos alma. También los animales y la naturaleza. Si desatendemos el alma del mundo, nos convertimos en desalmados.