El telescopio fotografía con un detalle sin precedentes la Nebulosa del León, un espectáculo cósmico que es en realidad el último aliento de una estrella
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Tiene forma de cabeza de león, con su melena, su hocico y su mirada fija hacia el infinito. Pero lo que el telescopio espacial James Webb ha fotografiado no es un animal, sino el cadáver luminoso de una estrella.
La NASA y la ESA han presentado unas nuevas imágenes de la Nebulosa del León (catalogada oficialmente como NGC 2392) que muestran, como nunca antes, los últimos estertores de un astro en descomposición situado en la constelación de Géminis, a unos 5.000 años luz de la Tierra.
No es la primera vez que un telescopio retrata a este particular animal cósmico. El Hubble ya lo hizo en el año 2000, captando en luz visible esa melena de nubes difusas y alargadas que dan nombre a la nebulosa.
La Nebulosa del León, captada por el Hubble en el año 2000.
/ NASA, ESA, Andrew Fruchter (STScI) y el equipo ERO (STScI + ST-ECF)
Pero el Webb ve el universo de otra manera: en el infrarrojo, la banda de luz que el ojo humano no puede percibir pero que revela lo que la luz visible esconde.
Y lo que esconde la Nebulosa del León, según los instrumentos NIRCam y MIRI del telescopio, son detalles que a simple vista podrían pasar inadvertidos: grumos compactos de polvo y una neblina de gas ionizado que se mueve, cambia y se transforma incluso mientras la observamos.
Porque esta nebulosa, aunque parezca una fotografía fija, es en realidad una instantánea de un proceso que lleva miles de años en marcha y que continúa hoy mismo.
El corazón de una estrella que agonizaEn el centro de esta figura, justo donde estaría el hocico del león, se esconde el motor de todo el espectáculo: los restos de una estrella moribunda. No todas las estrellas mueren igual. Las más masivas del universo terminan sus días en una explosión violenta, una supernova. Pero la mayoría de las estrellas (como la que dio origen a esta nebulosa) tienen una masa menor, y su final es distinto: más lento, más silencioso, pero no menos espectacular.
Cuando una estrella de este tipo agota el combustible nuclear de su núcleo, se vuelve inestable y comienza a palpitar, desprendiéndose de sus capas exteriores. Ese material expulsado forma alrededor de la estrella una envoltura de gas y polvo: lo que los astrónomos llaman una nebulosa planetaria, pese a que nada tiene que ver con los planetas. Es, de hecho, uno de los mecanismos principales por los que el universo fabrica el polvo que más tarde formará nuevas estrellas y planetas.
Imagen del telescopio James Webb de la Nebulosa del León
/ NASA, ESA, CSA, STScI. Image Processing: A. Pagan (STScI)
Lo que queda tras ese proceso es un núcleo estelar extremadamente caliente y compacto: una enana blanca. Y es precisamente esa enana blanca, oculta en el centro de la Nebulosa del León, la que sigue cocinando desde dentro el gas que la rodea, generando una burbuja de gas ionizado en expansión que va empujando y destruyendo el polvo a su paso.
Esa burbuja es, ni más ni menos, el rostro del león que vemos en las imágenes. Y esa melena de hilos y filamentos que le da su aspecto tan característico son en realidad bolsas de polvo que, por ahora, han conseguido resistir la intensa radiación de la estrella moribunda, protegiendo en su interior el material que dejan a su espalda.
Una fotografía que ya pertenece al pasadoAunque la imagen que ha tomado el Webb parece congelada en el tiempo, nada en la Nebulosa del León está quieto. La muerte de esta estrella sigue teniendo consecuencias que se despliegan ante nuestros ojos, y los astrónomos calculan que, en un plazo de unos 10.000 años (un suspiro en términos astronómicos), la nebulosa acabará por dispersarse por completo. El león, tarde o temprano, se desvanecerá.
Hasta entonces, imágenes como esta permiten a los científicos entender mejor un fenómeno que, pese a ser relativamente común en el universo, todavía guarda muchos misterios: por qué el gas arrastrado por estas explosiones estelares suele adoptar formas tan complejas, con anillos y capas superpuestas, es algo que los astrónomos siguen tratando de descifrar.