Hemos utilizado el indefinido “lo” porque no nos atrevíamos con un calificativo preciso, dada la profusión de características que se le han añadido a la actual crisis de Ceuta: invasión, pérdida de la integridad territorial, maniobra de las mafias, acoso del vecino del sur que siente que las ciudades autónomas son suyas, efecto llamada por las políticas migratorias del izquierdista Sánchez que pone en peligro a toda la UE, caos, despiste judicial, desprotección de fronteras, muertes sin retorno y muchas más polémicas.Primero, hemos de subrayar que el Gobierno no estuvo muy agudo; esperemos que aprenda. Que no se fie demasiado del “aliado del sur”, que puede incomodar por voluntad propia y porque quizás le ha llegado un susurro de su valedor norteamericano. Y puestos a pensar mal también Israel nos desea lo peor, más que nada porque el Gobierno de España criticó el genocidio de Gaza. Segundo, que los nuevos detentadores del poder en la UE esperan “orillar” al Gobierno de España. La señora Meloni ya ha atacado para exigir devoluciones inmediatas, imaginamos que visto el “éxito” de sus deportaciones a Albania. La primera ministra danesa le ha dado la mano y ha añadido leña al fuego migratorio. Que no se preocupe, las personas que han entrado en la ciudad autónoma tardarán en invadir Groenlandia; se les adelantará el mandatario americano, antes amigo de la señora Meloni. Sorprende la justificación de su comunicado conjunto: la necesidad de preservar los valores europeos y proteger el patrimonio cultural cristiano de Europa. Solamente faltaba el amén.Si lo de Ceuta hubiera sido un eclipse —al menos lo es de la ética humanitaria— se habrían levantado enormes carpas para ubicar a las personas, con protocolos sanitarios como han hecho los gobiernos autónomos por el eclipse solar; qué decir del número de efectivos de seguridad previstos. Si lo uno se pareciera a lo otro, los gobiernos central y autónomo movilizarían recursos para identificar a toda la gente, menores principalmente a los que sus familias reclaman. Después de tantos días, las autoridades españolas y marroquíes ya tendrían localizadas a todas las familias y casi solucionada la humanitaria agrupación.Si lo de Ceuta hubiera sido como el eclipse veríamos emplazadas en la playa del Trampolín suficientes WC portátiles, fuentes de agua potable y lugares de sombra permanente, como sí las hay en bastantes lugares oficiales para observar el efecto del movimiento de la Luna que se sitúa entre el Sol y la Tierra.Dicen que en el eclipse ha sobrevolado el efecto FOMO (fear of missing out, en la interpretación socarrona de mi tierra se traduce por “Yo esto no me lo pierdo”). Me apetece contraponerlo con el efecto JOMO (Joy of Missing Out, el placer o la desidia de perderse algo), sin querer criminalizar la inacción, pues quizás no se sabe bien cómo ayudar, o queda muy lejos para sensibilizarse con el tema. ¿Y si empezásemos dándole alguna vuelta a la conciencia ética y humanitaria dentro del pensamiento individual y colectivo?Si lo de Ceuta fuese un eclipse astronómico —lo es ético—, las CCAA de España fletarían aviones cargados de ayuda humanitaria en donde viajarían especialistas de Cáritas, Cruz Roja y las ONG de ayuda a los refugiados. Se desplegarían en los múltiples y espaciosos centros de acogida (pabellones deportivos, colegios ahora vacíos, estancias municipales, etc.). Todo lo que haga falta para poder decir FOMO (nosotros estuvimos allí ayudando, aportando nuestra acción humanitaria para reducir calamidades y ausencias).Si así fuese, funcionaría desde el primer día el Comité Coordinador de Emergencias Humanitarias, donde todas las administraciones y las ONG como observadoras (así lo hacen los científicos en el caso del eclipse) trazan y ejecutan planes. Ese comité se implicaría en dar celeridad, eficacia y transparencia a todas las cuestiones humanitarias sobrevenidas. Imagino que allí estarían representantes de los gobiernos PP-Vox de Castilla y León, Extremadura y Aragón.Si lo de Ceuta fuese lo otro, los medios de comunicación —también extranjeros— se volcarían todos los días recogiendo artículos y entrevistas, asesorados por las ONG humanitarias, para hacer llegar a las opiniones públicas la situación bien dimensionada, sin adherencias políticas.Si lo de Ceuta fuera algo momentáneo, como el eclipse, ya se nos hubiera olvidado desde el día 30 de julio. Pero no, todo el problema sigue palpitando. Unos días más tarde se organizó en la ciudad una manifestación en el lema “Ceuta no se rinde”. Nos gustaría añadir desde aquí que la solidaridad tampoco; siempre con los llegados, con toda esa gente que les ayuda y con los que intentan evitar que la crisis actual sea una confrontación de razas, colores de piel o religiones.Al final un deseo humanitario que debe prevalecer siempre. Preparémonos para entender y gestionar éticamente tiempos convulsos. Además de una petición a las autoridades: sean más diligentes, nos tememos que esto (migraciones masivas en todo el mundo) no ha hecho nada más que empezar.________________________________Carmelo Marcén Albero es doctor en Geografía por la Universidad de Zaragoza y especialista en educación ambiental.
Hemos utilizado el indefinido “lo” porque no nos atrevíamos con un calificativo preciso, dada la profusión de características que se le han añadido a la actual crisis de Ceuta: invasión, pérdida de la integridad territorial, maniobra de las mafias, acoso del vecino del sur que siente que las ciudades autónomas son suyas, efecto llamada por las políticas migratorias del izquierdista Sánchez que pone en peligro a toda la UE, caos, despiste judicial, desprotección de fronteras, muertes sin retorno y muchas más polémicas.
Primero, hemos de subrayar que el Gobierno no estuvo muy agudo; esperemos que aprenda. Que no se fie demasiado del “aliado del sur”, que puede incomodar por voluntad propia y porque quizás le ha llegado un susurro de su valedor norteamericano. Y puestos a pensar mal también Israel nos desea lo peor, más que nada porque el Gobierno de España criticó el genocidio de Gaza. Segundo, que los nuevos detentadores del poder en la UE esperan “orillar” al Gobierno de España. La señora Meloni ya ha atacado para exigir devoluciones inmediatas, imaginamos que visto el “éxito” de sus deportaciones a Albania. La primera ministra danesa le ha dado la mano y ha añadido leña al fuego migratorio. Que no se preocupe, las personas que han entrado en la ciudad autónoma tardarán en invadir Groenlandia; se les adelantará el mandatario americano, antes amigo de la señora Meloni. Sorprende la justificación de su comunicado conjunto: la necesidad de preservar los valores europeos y proteger el patrimonio cultural cristiano de Europa. Solamente faltaba el amén.
Si lo de Ceuta hubiera sido un eclipse —al menos lo es de la ética humanitaria— se habrían levantado enormes carpas para ubicar a las personas, con protocolos sanitarios como han hecho los gobiernos autónomos por el eclipse solar; qué decir del número de efectivos de seguridad previstos. Si lo uno se pareciera a lo otro, los gobiernos central y autónomo movilizarían recursos para identificar a toda la gente, menores principalmente a los que sus familias reclaman. Después de tantos días, las autoridades españolas y marroquíes ya tendrían localizadas a todas las familias y casi solucionada la humanitaria agrupación.
Si lo de Ceuta hubiera sido como el eclipse veríamos emplazadas en la playa del Trampolín suficientes WC portátiles, fuentes de agua potable y lugares de sombra permanente, como sí las hay en bastantes lugares oficiales para observar el efecto del movimiento de la Luna que se sitúa entre el Sol y la Tierra.
Dicen que en el eclipse ha sobrevolado el efecto FOMO (fear of missing out, en la interpretación socarrona de mi tierra se traduce por “Yo esto no me lo pierdo”). Me apetece contraponerlo con el efecto JOMO (Joy of Missing Out, el placer o la desidia de perderse algo), sin querer criminalizar la inacción, pues quizás no se sabe bien cómo ayudar, o queda muy lejos para sensibilizarse con el tema. ¿Y si empezásemos dándole alguna vuelta a la conciencia ética y humanitaria dentro del pensamiento individual y colectivo?
Si lo de Ceuta fuera algo momentáneo, como el eclipse, ya se nos hubiera olvidado desde el día 30 de julio
Si lo de Ceuta fuese un eclipse astronómico —lo es ético—, las CCAA de España fletarían aviones cargados de ayuda humanitaria en donde viajarían especialistas de Cáritas, Cruz Roja y las ONG de ayuda a los refugiados. Se desplegarían en los múltiples y espaciosos centros de acogida (pabellones deportivos, colegios ahora vacíos, estancias municipales, etc.). Todo lo que haga falta para poder decir FOMO (nosotros estuvimos allí ayudando, aportando nuestra acción humanitaria para reducir calamidades y ausencias).
Si así fuese, funcionaría desde el primer día el Comité Coordinador de Emergencias Humanitarias, donde todas las administraciones y las ONG como observadoras (así lo hacen los científicos en el caso del eclipse) trazan y ejecutan planes. Ese comité se implicaría en dar celeridad, eficacia y transparencia a todas las cuestiones humanitarias sobrevenidas. Imagino que allí estarían representantes de los gobiernos PP-Vox de Castilla y León, Extremadura y Aragón.
Si lo de Ceuta fuese lo otro, los medios de comunicación —también extranjeros— se volcarían todos los días recogiendo artículos y entrevistas, asesorados por las ONG humanitarias, para hacer llegar a las opiniones públicas la situación bien dimensionada, sin adherencias políticas.
Si lo de Ceuta fuera algo momentáneo, como el eclipse, ya se nos hubiera olvidado desde el día 30 de julio. Pero no, todo el problema sigue palpitando. Unos días más tarde se organizó en la ciudad una manifestación en el lema “Ceuta no se rinde”. Nos gustaría añadir desde aquí que la solidaridad tampoco; siempre con los llegados, con toda esa gente que les ayuda y con los que intentan evitar que la crisis actual sea una confrontación de razas, colores de piel o religiones.
Al final un deseo humanitario que debe prevalecer siempre. Preparémonos para entender y gestionar éticamente tiempos convulsos. Además de una petición a las autoridades: sean más diligentes, nos tememos que esto (migraciones masivas en todo el mundo) no ha hecho nada más que empezar.
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Carmelo Marcén Albero es doctor en Geografía por la Universidad de Zaragoza y especialista en educación ambiental.
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