La marea migratoria arrastra hasta Ceuta a un ejército de desheredados con un denominador común: la esperanza
13/08/2026 Actualizado a las 07:37h.
Nayua tiene 19 años y unos ojos que han visto más dolor del que sin duda se merecen. Llegó a Ceuta embriagada por las consignas ... lanzadas desde las redes sociales y las llamadas de sus amigos al móvil: «Las puertas de España están abiertas», repetían. Y no lo dudó. Esta joven diplomada en Enfermería trabajaba en la hostelería hasta hace un par de semanas por un sueldo de 7 euros al día, mientras se hacía cargo de su abuela impedida y en pago por ello soportaba el maltrato de la familia de su padre. Renunció a su pasado a cambio de un futuro y se lanzó a la carretera pensando que su suerte iba a cambiar. Hasta que llegó a la frontera del Tarajal y cruzó a nado esa lámina de agua que nos hemos cansado de contemplar por televisión, viendo cómo la gente se ahogaba empujada por los que venían detrás.