El mundo se siente a veces como un lugar hostil. El imparable avance del cambio climático, las guerras, la inestabilidad geopolítica, los conflictos sociales, las disputas ideológicas y el sinfín de polémicas efímeras hacen que, muchas veces, sea complicado encontrar un lugar de paz y encuentro en este planeta y que, además, reúna a todos al unísono. Pero este miércoles, una coincidencia cósmica ha logrado lo que hacía mucho que no se veía. Un rayo de oscuridad ha entrado por la costa cantábrica a las 20.26 y ha salido por Baleares a las 20.34. Por unos instantes, todo un país se ha parado y ha mirado al cielo con maravilla para observar la llegada del primer eclipse total de Sol en más de un siglo. El evento, que pese a las amenazas climáticas y a las complicaciones logísticas, ha logrado movilizar a millones de personas sin grandes incidencias, ha causado un mágico minuto de oscuridad total en una amplia franja de la península Ibérica y Baleares, así como un espectacular eclipse parcial en el resto del país. Su encanto ha sido tal que, al menos durante unos instantes, toda España ha levantado la mirada para contemplar la belleza del cosmos.
El mundo se siente a veces como un lugar hostil. El imparable avance del cambio climático, las guerras, la inestabilidad geopolítica, los conflictos sociales, las disputas ideológicas y el sinfín de polémicas efímeras hacen que, muchas veces, sea complicado encontrar un lugar de paz y encuentro en este planeta y que, además, reúna a todos al unísono. Pero este miércoles, una coincidencia cósmica ha logrado lo que hacía mucho que no se veía. Un rayo de oscuridad ha entrado por la costa cantábrica a las 20.26 y ha salido por Baleares a las 20.34. Por unos instantes, todo un país se ha parado y ha mirado al cielo con maravilla para observar la llegada del primer eclipse total de Sol en más de un siglo. El evento, que pese a las amenazas climáticas y a las complicaciones logísticas, ha logrado movilizar a millones de personas sin grandes incidencias, ha causado un mágico minuto de oscuridad total en una amplia franja de la península Ibérica y Baleares, así como un espectacular eclipse parcial en el resto del país. Su encanto ha sido tal que, al menos durante unos instantes, toda España ha levantado la mirada para contemplar la belleza del cosmos.
Mucho se ha escrito en estas últimas semanas sobre los eclipses, su naturaleza y las características que hacen de este fenómeno algo tan especial. Pero toda descripción se queda corta ante el esplendor y la grandiosidad de este evento astronómico que, por puro azar y geometría cósmica, hemos podido presenciar desde España. En el inicio del fenómeno, registrado alrededor de las 19.40 (hora peninsular española), se ha podido observar el "primer contacto" de la silueta lunar sobre el intenso brillo de la esfera de nuestro astro rey como una diminuta mancha que, poco a poco, iba cogiendo intensidad. Con el pasar de los minutos, lo que en un principio parecía una simple "mordida" de la esfera solar ha ido creciendo hasta cubrir más y más superficie. Alrededor de las 20 horas, el eclipse ha empezado a impregnar el ambiente, dejando una atmósfera ceniza, una bajada de las temperaturas y un aura difícil de describir con palabras. Y es ahí donde ha empezado el verdadero espectáculo.
La fase de totalidad del eclipse se ha producido alrededor de las 20.30 (minuto más o minuto menos en función de la ciudad de observación) poco antes del atardecer. Los científicos decían que, debido a la altura tan baja a la que se producía este fenómeno, no había garantías claras de cómo y cuánto se vería la corona solar. Pero el evento, que durante tanto tiempo se ha presentado como algo espectacular e histórico, no ha querido decepcionar. Es más. Ha querido deslumbrar a todos. En su momento más mágico, la silueta de la Luna ha logrado cubrir del todo la esfera solar dejando escapar solo una luz periférica, mágica y de un increíble tono entre azul y amarillo. La corona solar ha querido lucirse con el más espectacular de los brillos, desplegando llamaradas solares y hasta presumiendo de sus característicos destellos adiamantados.
Asombro colectivoEl eclipse de este 12 de agosto no será recordado por detalles técnicos, mediciones científicas o parámetros astronómicos, sino, sobre todo, por cómo un evento tan lejano y a la vez tan cercano ha logrado convertirse en un momento de contemplación colectivo. En toda España, millones de personas se han reunido en miradores, azoteas y puntos de observación improvisados. Los movimientos celestes, que hemos percibido por puro azar cósmico, porque vivimos en el lugar y el tiempo exacto para que en algunos momentos excepcionales la esfera lunar pueda superponerse de forma exacta a la del Sol, han sido recibidos entre aplausos, abrazos e incluso alguna que otra lágrima. Porque sí. Los científicos habían advertido de que el momento iba a ser espectacular. Pero nadie podía haber predicho con certeza lo emotivo que iba a ser. Es el eclipse que ha logrado paralizar y hechizar a un país entero.
El fenómeno también ha logrado convertirse en el minuto de oro más codiciado para la ciencia. Los instantes más mágicos del "eclipse" han sido estudiados desde el prisma de diferentes disciplinas científicas y a través de proyectos para entender, por ejemplo, cómo reaccionan los animales ante un evento así, cómo cambia nuestra respiración ante un evento tan asombroso o cómo la misma atmósfera va experimentando cambios en su temperatura en el transcurso de este fenómeno. La NASA ha desplegado un avión científico para realizar observaciones de la corona solar. Telescopios de todo el país han apuntado al evento para observar maravillas como los diamantes solares, las perlas de Baily y otras maravillas científicas invisibles en el día a día. Y todo esto, según afirman los expertos, dará lugar a un largo legado de conocimiento que contribuirá, aún más, a que este evento permanezca en nuestra memoria colectiva durante mucho tiempo.
Mirada inclusivaEl eclipse ha brillado en directo delante de los ojos de millones de personas que se han movilizado a distintos parajes para disfrutar del espectáculo pese al calor infernal registrado este miércoles y a las máximas que, en muchos puntos, han superado los 40ºC. El fenómeno también ha sido retransmitido en directo desde algunos de los telescopios científicos más importantes del país, ha protagonizado despliegues televisivos, ha dado la vuelta al mundo a través de redes sociales y hasta ha reivindicado su papel en las radios. El evento ha deslumbrado a científicos tan prestigiosos como el premio Nobel de Física Didier Queloz, los astronautas españoles Pedro Duque, Pablo Álvarez y Sara García, así como a las científicas de la NASA Ellen Baker y Teresa Nieves-Chinchilla, quienes han presenciado este evento desde el encuentro organizado por la Generalitat en el Observatori de L'Ebre de Roquetes y por el Gobierno en el Observatorio de Yebes en Guadalajara.
El frenesí por el eclipse ha sido tal que incluso ha logrado movilizar a celebridades internacionales como el astrofísico y guitarrista Brian May, de Queen, quien ha viajado hasta España solo para presenciar el espectáculo celeste. Pero si por algo quiere ser recordado este eclipse es por el esfuerzo que se ha hecho para que su magia llegara a todo el mundo. El Institut de Ciències de l’Espai (ICE-CSIC) ha impulsado un proyecto de ciencia inclusiva para acercar este fenómeno a las personas ciegas o con problemas de visión mediante la emisión de sonidos para emular las fases del eclipse. Otras muchas entidades han realizado iniciativas para llevar este fenómeno hasta las residencias de mayores, prisiones, colegios, campamentos de verano y entidades vecinales. El eclipse ha llenado museos y librerías, y ha protagonizado charlas, simposios y hasta conciertos especiales. Todo para que, de una forma u otra, pudiera llegar al corazón de la gente. Y aunque quizás es pronto para hacer balance, todo apunta a que lo ha conseguido.
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