El sacerdote jesuita, experto en el estudio del Islam, se pronuncia sobre la construcción de una mezquita en el Polígono Sur
"La asociación impulsora de este proyecto lleva años dando muestras de apertura y participación"
Jalid Nieto: "Estaría dispu
Jaime Flaquer García (Sevilla, 1969) es sacerdote jesuita, profesor universitario e investigador especializado en el ámbito del Islam y el diálogo interreligioso. Actualmente desempeña la labor de profesor en el Departamento de Teología de la Universidad Loyola y ejerce el cargo de director de la Cátedra de Diálogo Interreligioso (Candir) en esta misma institución.
Cuenta con una sólida y diversa trayectoria académica: es licenciado en Filosofía y en Teología, y obtuvo su doctorado en Estudios Islámicos por la prestigiosa École Pratique des Hautes Études (EPHE) de la Sorbona de París. Sus principales líneas de investigación se centran en el estudio integral del Islam, la teología de las religiones, las relaciones y el diálogo islamo-cristiano, así como los desafíos contemporáneos vinculados a la alteridad y la libertad religiosa.
A nivel internacional, destaca su papel como miembro activo de la Red Pluriel, una plataforma europea de investigación sobre el Islam en el mundo actual. Es también un prolífico autor de artículos académicos y monografías esenciales en su especialidad, como la obra Islam: la media luna creciente. Su perfil combina rigor teológico, experiencia docente y un firme compromiso científico con el entendimiento cultural mutuo.
Pregunta.-La mezquita en el Polígono Sur se ha descrito en términos de "macromezquita" o "centro de islamización". ¿Qué revela este lenguaje sobre la relación de nuestra sociedad con el Islam?
Respuesta.-Se trata de expresiones destinadas a crear alarmismo. La comunidad musulmana impulsora de este proyecto ya cuenta con un pequeño centro de culto. Querer relegarla a la invisibilidad no impedirá su existencia. La visibilidad de las distintas realidades de la ciudad contribuye a su normalización.
P.-Cuando un centro de culto cumple la normativa urbanística, ¿debe su apertura someterse a consulta ciudadana? ¿Cómo se concilian la participación vecinal y la libertad religiosa?
R.-Si un centro de culto cumple con toda la normativa urbanística, la Administración no puede impedir su apertura, ya que ello constituiría prevaricación. Los ayuntamientos pueden planificar los usos de las diversas parcelas del término municipal para determinar cuáles son aptas para la construcción de centros de culto. Los ciudadanos pueden participar activamente en ese debate, pero el alcance de la libertad religiosa no es competencia municipal.
P.-¿Qué preguntas sobre la financiación, la gestión, las actividades o el impacto de una mezquita son legítimas? ¿En qué momento esas dudas pueden convertirse en discriminación o islamofobia?
R.-Forma parte de la Policía investigar la procedencia de los fondos para abrir un centro de culto. Una vez aclarado este aspecto, y dado que los grandes templos suelen recibir financiación exterior, corresponde a la política determinar la conveniencia de la dependencia de esa mezquita de esa corriente financiadora o, como sucede en ocasiones, al ministerio de asuntos religiosos de algún país islámico.
P.-Quienes rechazan estos proyectos aluden en ocasiones a las restricciones que sufren las comunidades cristianas en algunos países musulmanes. ¿Debe la reciprocidad condicionar los derechos religiosos en España?
R.-La encíclica de Pablo VI, Ecclesiam Suam, dejó claro que, desde el punto de vista cristiano, la reciprocidad no puede ser una condición, sino un término final esperado. Los políticos sí deben defender la libertad religiosa de los cristianos en los países musulmanes, pero tradicionalmente han priorizado las relaciones económicas (el suministro de petróleo o el gas a bajo precio). Además, la estricta reciprocidad en materia de apertura de centros de culto es difícilmente aplicable: por una parte, los migrantes musulmanes no suelen proceder de los países donde la libertad religiosa está más amenazada y, por otra, los españoles de confesión musulmana no tienen ninguna responsabilidad por lo que sucede en esos países.
P.-El proyecto en el Polígono Sur combina culto, cultura y servicios sociales. ¿Puede un centro de estas características favorecer la integración y la vida del barrio? ¿Qué compromisos de apertura y transparencia debería asumir?
R.-Las mezquitas que mantienen las puertas abiertas y están presentes en la vida social de sus barrios son claros elementos de cohesión e integración. La asociación impulsora de esta gran mezquita de Sevilla lleva años dando muestras de esta apertura y está siempre dispuesta a participar en mesas de diálogo cultural e interreligioso.
P.-Más allá de los encuentros entre líderes religiosos, ¿cómo se construye un diálogo interreligioso cotidiano en una ciudad secular y plural como Sevilla? ¿Qué deberían hacer ahora las instituciones, las comunidades religiosas y los medios?
R.-Es preciso que existan canales de comunicación habituales entre los líderes de las distintas tradiciones religiosas en los ámbitos municipal, autonómico y estatal. Deben promoverse mesas de diálogo a iniciativa de las propias religiones o de las administraciones públicas. El conocimiento mutuo, que a veces incluso da lugar a relaciones de amistad, permite evitar problemas mayores entre comunidades en tiempos de crisis. Cuando fue asesinado el sacristán de Algeciras, un comunicado oficial de la Iglesia católica evitó un conflicto comunitario. Cuando estalló un conflicto social en Torre Pacheco (Murcia), la mezquita contribuyó a apaciguar a su comunidad. La realidad es que el principal lugar de radicalización son las redes sociales y no las mezquitas.