El presidente Sánchez parece vivir en una realidad paralela. En su discurso todo es un mito, empezando por sí mismo. Su comparecencia de ayer para hacer balance de su Gobierno, que en realidad es hacer balance de sí mismo, fue un despropósito. La legislatura que se inició en noviembre de 2023 se encamina a su fin. Sí o sí, en 2027 Pedro Sánchez debe convocar elecciones. Y lo hará sin haber sido capaz de aprobar unos Presupuestos Generales del Estado. A Sánchez le han negado el pan y la sal sus propios socios de legislatura en este asunto, que es cuestión central en la política interna de un país. El presidente, sin embargo, los ha colmado de agasajos. El último ha sido el indulto parcial para Laura Borràs, a pesar del informe contrario de la Fiscalía Superior de Cataluña. No es previsible que este gesto sea suficiente para que Junts le regale a Sánchez los 7 votos que, a pesar de apuntalar la presente legislatura, nunca se han hecho efectivos en materia de Presupuestos generales.Pero al presidente no parece importarle mucho. Carece de apoyos parlamentarios, pero sigue en La Moncloa, que es lo que de verdad le importa, gracias al interés de sus socios en un gobierno débil y a la adhesión incondicional de un partido completamente desvitalizado. Y cuando necesita agitar las emociones, cuenta con un ministro fanfarrón y perdonavidas que desde la cartera de Transportes se dedica a agredir verbalmente a todo aquel que osa cuestionar a su jefe. Este es el balance de un curso que, a pesar de la excelente calificación que Sánchez se ha otorgado a sí mismo, no hay convocatoria extraordinaria que pueda salvar.
El presidente Sánchez parece vivir en una realidad paralela. En su discurso todo es un mito, empezando por sí mismo. Su comparecencia de ayer para hacer balance de su Gobierno, que en realidad es hacer balance de sí mismo, fue un despropósito. La legislatura que se inició en noviembre de 2023 se encamina a su fin.
Sí o sí, en 2027 Pedro Sánchez debe convocar elecciones. Y lo hará sin haber sido capaz de aprobar unos Presupuestos Generales del Estado. A Sánchez le han negado el pan y la sal sus propios socios de legislatura en este asunto, que es cuestión central en la política interna de un país. El presidente, sin embargo, los ha colmado de agasajos. El último ha sido el indulto parcial para Laura Borràs, a pesar del informe contrario de la Fiscalía Superior de Cataluña. No es previsible que este gesto sea suficiente para que Junts le regale a Sánchez los 7 votos que, a pesar de apuntalar la presente legislatura, nunca se han hecho efectivos en materia de Presupuestos generales.
Pero al presidente no parece importarle mucho. Carece de apoyos parlamentarios, pero sigue en La Moncloa, que es lo que de verdad le importa, gracias al interés de sus socios en un gobierno débil y a la adhesión incondicional de un partido completamente desvitalizado.
Y cuando necesita agitar las emociones, cuenta con un ministro fanfarrón y perdonavidas que desde la cartera de Transportes se dedica a agredir verbalmente a todo aquel que osa cuestionar a su jefe. Este es el balance de un curso que, a pesar de la excelente calificación que Sánchez se ha otorgado a sí mismo, no hay convocatoria extraordinaria que pueda salvar.