La celebración reunirá a invitados de medio mundo en Villómar, León, donde vivirán los 104 segundos de oscuridad total del eclipse.Otras historias: Una de las familias detenida en Totana por "vender" a una bebé trató de estafar a la otra: pedían 20.000 € y les dejaban visitarla
El "sí, quiero" habrá llegado varias horas antes. Para cuando la Luna comience a tapar el Sol sobre Villómar (León), Laura, de 31 años, y Dani, de 38, dos ingenieros aeroespaciales, ya serán marido y mujer. El cóctel y la comida habrán quedado atrás y probablemente estarán terminando los cafés. Entonces ocurrirá algo poco habitual en una boda: todo tendrá que detenerse.
Los músicos, los fotógrafos, el personal de la finca y los más de 200 invitados dejarán durante unos minutos lo que estén haciendo. Sobre las mesas habrá unas 250 o 260 gafas para observar el eclipse y, afuera, los novios habrán desplegado solaroscopios, prismáticos con filtros, un monóculo y varios telescopios.
Uno de ellos estará conectado a una gran pantalla para seguir en directo cómo la Luna va devorando poco a poco el disco solar. Y cuando llegue la oscuridad, Dani y Laura quieren todavía algo más sencillo: silencio.
"Hemos dicho que todo el mundo deje de hacer lo que hace, sobre todo durante esos dos minutos de oscuridad", cuenta Dani Sors en diálogo con EL ESPAÑOL horas antes de la boda.
La finca está rodeada de animales, con vacas y numerosos pájaros, y los novios quieren comprobar qué ocurre cuando, en pleno verano y antes de las nueve de la noche, el día se apague durante exactamente un minuto y 44 segundos.

Dani y Laura sostienen una de las lunas impresas en 3D que regalarán como recuerdo a los invitados de su boda. Cedida
"Nos gustaría vivir un poco cómo cambia todo, desde la temperatura al comportamiento de los seres vivos, incluidos los humanos que estemos ahí", explica.
No podría ser una boda mucho más propia de ellos.
Dos "frikis" del espacioLaura y Dani se conocieron entre finales de 2019 y principios de 2020. No fue en una discoteca, una aplicación de citas ni a través de amigos comunes. Coincidieron en congresos del sector espacial: primero en Madrid y después en Dubái. Llevan ya casi siete años juntos.
El espacio terminó atravesando casi todos los aspectos de su vida.
Laura es cofundadora de una empresa dedicada al análisis térmico de satélites. Dani trabaja en el Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña, un centro de investigación vinculado a la implementación de la estrategia del sector espacial de la Generalitat.
Y cuando termina la jornada laboral, tampoco siempre consiguen abandonar el universo que los unió.
"Es bastante importante y a veces un poco monotema", reconoce él entre risas.
En casa tienen un telescopio y antenas con las que pueden escuchar la Estación Espacial Internacional o recibir imágenes de satélites en directo. También les interesan los cohetes, las sondas estratosféricas y otras tecnologías espaciales.
"Somos un poco frikis, como se dice, del sector espacial", resume Dani.

Dani y Laura durante una visita al Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA, en California, uno de sus viajes vinculados al sector espacial. Cedida
Compartir una pasión tan específica tiene, admite, dos caras. "A veces es monotema y va bien romper y cambiar de temas y a veces es muy apasionante porque podemos dedicar tiempo a cosas que nos apasionan a los dos y compartimos".
Quizá por eso nadie que los conociera necesitó demasiado tiempo para entender la boda que estaban preparando.
Una pedida a 12 metrosLa historia comenzó a tomar forma bastante lejos de León y también lejos de la superficie.
Dani recuerda que la posibilidad de pedirle matrimonio empezó a rondarle la cabeza después de otro de sus viajes. Habían estado en Egipto y sobrevolado Luxor en globo durante el amanecer.
Al regresar, un amigo le preguntó si había aprovechado aquellas imágenes para proponerle matrimonio.
"Ostras, es verdad, era un sitio bastante único. Dejé pasar una buena oportunidad", pensó.
La siguiente apareció en Australia.
Laura y Dani estaban buceando en la Gran Barrera de Coral. Dani encontró allí otra conexión con la profesión que comparten: bajo el agua existen condiciones que, de alguna manera, recuerdan a las del espacio y los astronautas utilizan piscinas para algunos de sus entrenamientos.
Esta vez no dejó escapar el momento.
A unos 12 metros de profundidad, escribió en una pizarra si Laura quería casarse con él. Después buscó un pequeño espacio de arena entre los corales, se arrodilló y sacó el anillo.
"Ella siempre me descubre todas las sorpresas, o casi todas, y esa sí que no se la esperó", recuerda. Incluso encontrar dónde hincar la rodilla resultó complicado: "Todos son corales y me costó encontrar un sitio".
Daniel sorprende a Laura con una pedida de matrimonio bajo el agua, durante una inmersión en la que le muestra el anillo antes de recibir el "sí, quiero".
Había otro pequeño problema: llevaba tres días viviendo en un barco y había realizado alrededor de diez u once inmersiones con el anillo encima.
"Yo lo que más quería era darle el anillo y luego que tuviera la responsabilidad ella, y que si lo perdiera alguien, que lo perdiera ella, pero no yo", bromea.
Un buceador neozelandés que estaba con ellos llevaba una GoPro. Dani le había adelantado sus planes y el hombre consiguió filmar la escena bajo el agua.
Pero la propuesta ya escondía la segunda parte del plan.
Dani sabía que al año siguiente un eclipse atravesaría la Península y pasaría por León, de donde es Laura, antes de avanzar hacia el este, en dirección a Cataluña, de donde procede él. "Pensé que sería un buen momento pedirle matrimonio y tener casi un año para preparar esta ceremonia en el eclipse".
Una finca con una condiciónDespués había que encontrar dónde.
Durante las Navidades recorrieron siete u ocho fincas alrededor de León. La búsqueda tenía una exigencia que desconcertaba a algunos de sus interlocutores. Antes de interesarse por otros detalles, Laura y Dani querían saber una cosa: ¿qué se veía hacia el oeste?
Primero examinaban los lugares en Google Maps. Si tenían dudas, llamaban.
"Prefiltramos para preguntar que tuvieran cielos despejados hacia el oeste, que no tuvieran árboles ni montañas", recuerda Dani.
Alguna finca que les encantó quedó automáticamente descartada.
Uno de los lugares era un antiguo molino que Dani recuerda como "impresionante", casi "como Rivendel". Pero estaba encajado en un valle y rodeado de árboles gigantes. Para una boda podía ser perfecto. Para su boda no servía: hacia el oeste "no se podía ver absolutamente nada".
Finalmente llegaron a Villómar.
Allí encontraron Dehesa La Cenia. "Es un sitio espectacular y tiene unas vistas al oeste increíbles", explica. Habían encontrado el lugar desde el que querían ver desaparecer el Sol.
260 gafasLa ceremonia comenzará hacia la una del mediodía. Después habrá cóctel, comida y banquete. Pero incluso los cafés servirán de antesala al verdadero segundo acto de la boda.
Una amiga de la pareja, oftalmóloga, ha preparado unas diapositivas para explicar a los invitados los riesgos de observar el Sol sin protección. Después Dani dará una breve charla sobre el eclipse, mostrará simulaciones de lo que podrán contemplar y explicará los instrumentos que encontrarán fuera.
Desde aproximadamente las siete o siete y media, una banda acompañará la espera.
Sobre el terreno habrá solaroscopios, prismáticos con filtros, un monóculo y un telescopio conectado a una pantalla. También planean elevar un dispositivo con una cámara de 360 grados para intentar registrar el paso de la sombra y barajan instalar un andamio de entre 12 y 14 metros para conseguir fotografías panorámicas.
"Prometemos que habrá todo tipo de artilugios para vivirlo al máximo", dice Dani.
Las gafas son otro capítulo logístico. Han comprado entre 250 y 260 pares para que no sólo los invitados puedan mirar el fenómeno, sino también músicos, trabajadores, fotógrafos y todos aquellos que estén trabajando en la finca.
La consigna será la misma para todos: parar.
Más de 200 lunasHasta los detalles que quedarán sobre las mesas cuentan la misma historia.
Dani y Laura muestran, tres días antes del enlace, los preparativos de una boda diseñada en torno al eclipse, con decoración y detalles de temática espacial.
Los centros llevan nombres de planetas y cuerpos del Sistema Solar. Hay motivos espaciales repartidos por la cartelería, los espacios para fotografías y otras zonas de la celebración. Aparecen cohetes, globos y referencias al universo.
Pero los recuerdos para los invitados son probablemente el proyecto que mejor explica hasta dónde llevaron Laura y Dani la idea.
Ellos mismos han fabricado más de 200 pequeñas lunas mediante impresión 3D. Son lámparas personalizadas que incorporan la fecha de la boda, una fotografía de la pareja y el nombre de cada invitado.
"Todo esto hecho por nosotros, todos los diseños, las impresiones y demás, y las cajas también con las etiquetas", explica Dani.
También imprimieron identificadores para los vasos con otro objetivo: que los invitados puedan reconocerse y mezclarse. No es un detalle menor. A León está llegando gente desde lugares muy distintos del planeta.
Mientras Dani atendía esta entrevista, el grupo de WhatsApp de la boda iba documentando el viaje.
Una persona había enviado desde el avión una fotografía de la pantalla de su asiento mientras cruzaba el Atlántico desde Montevideo hacia Madrid. Tres invitados acababan de aterrizar desde Argentina.

Un invitado de Dani y Laura fotografía desde el avión su viaje de Uruguay a España para asistir a la boda en Villómar. Cedida
Otros llegaban desde San Francisco, Nueva Zelanda, Australia, Países Bajos, Dinamarca y Reino Unido, donde Laura y Dani vivieron juntos durante más de dos años.
La logística no ha sido sencilla. "Está siendo complicado porque hay problemas de transporte", reconocía Dani. Algunos invitados aterrizaban en Madrid o Asturias y todavía trataban de encontrar la manera de llegar a León.
Él confiaba en una cosa: "Estoy seguro que lo conseguirán".
Un minuto y 44 segundosAyer martes, antes siquiera de casarse, Laura y Dani ya comenzarán a reunirlos. Han organizado una preboda frente a la Catedral de León para encontrarse con amigos y familiares que llevan tiempo sin ver.
Hoy llegará el día para el que llevan casi un año preparándose.
Dani ya estuvo en la finca observando a la misma hora y mirando hacia el oeste. El cielo estaba completamente despejado. "Fue increíble, ojalá sea así mañana también", dice.
En el patio central y la zona ajardinada instalarán las mesas con los instrumentos. Una enorme pantalla mostrará en directo la imagen captada por un telescopio equipado con una cámara y un filtro solar. Allí podrán seguir cómo el Sol se va cubriendo poco a poco.
Después dejarán las pantallas en segundo plano.
Dani quiere que durante aquellos 104 segundos nadie esté más pendiente de grabar que de mirar.
El día se convertirá fugazmente en noche y después volverá a hacerse de día. Los pájaros y las vacas que rodean la finca reaccionarán de alguna manera. También lo harán las más de 200 personas que habrán cruzado países y continentes para estar allí.
Dentro de muchos años, cuando piense en el 12 de agosto de 2026, Dani no espera recordar únicamente el eclipse.
"Me gustaría recordar esto, un momento mágico, un momento único en nuestras vidas", cuenta.
Y enseguida vuelve a quienes estarán a su alrededor.
"Nos gustaría recordar ese día con todos estos momentos, estas imágenes, estas conversaciones que tendremos estos dos días".
El eclipse durará un minuto y 44 segundos.
Laura y Dani llevan casi siete años construyendo todo lo demás.