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Cuando la prensa habla de inteligencia artificial, los sindicatos no están en la conversación

Дата публикации: 17-06-2026 20:28:43

Hemos analizado 37.954 artículos sobre IA publicados en ocho periódicos de España, Italia, Reino Unido y Estados Unidos.
Las empresas aparecen en casi nueve de cada diez noticias; los sindicatos, en menos del 4%.
La inteligencia artificial está empezando a transformar el mercado de trabajo. La automatización y los modelos de lenguaje ya reconfiguran sectores como la traducción profesional, el periodismo o el desarrollo de software, mientras gobiernos, empresas y organismos internacionales discuten cómo regularla, aprovechar sus beneficios y limitar sus riesgos.

En este contexto, importa saber quién consigue visibilidad pública. Los medios no solo informan sobre debates políticos y tecnológicos: también contribuyen a definir qué actores son percibidos como legítimos y qué intereses llegan a la ciudadanía. Estudiar quién aparece en las noticias sobre IA permite entender cómo se construye el debate sobre una tecnología de gran alcance económico y social.

Nuestro trabajo parte de una pregunta sencilla: ¿qué actores aparecen cuando los periódicos hablan de inteligencia artificial? Para responderla analizamos 37.954 piezas periodísticas sobre IA publicadas entre 2018 y 2024 en ocho diarios de cuatro países. Identificamos las organizaciones mencionadas, las clasificamos en cuatro grupos (actores económicos, instituciones académicas, organizaciones sociales y sindicatos) y analizamos el tono de su aparición.

El resultado más contundente es que los actores económicos (empresas y patronales) dominan la conversación: aparecen en cerca del 90% de los artículos y concentran alrededor del 85% de las menciones a organizaciones. Las instituciones académicas aparecen aproximadamente en la mitad de las noticias; las organizaciones sociales (ONGs y asociaciones de consumidores) en una de cada tres; y los sindicatos en menos del 4%.























Figura 1. Porcentaje de noticias sobre IA que mencionan a cada tipo de actor.



La desigualdad no afecta solo a cuántas menciones recibe cada actor, sino también a cómo entra en la conversación. Las organizaciones no empresariales suelen aparecer junto a empresas: ocurre en el 90% de las noticias que mencionan a una organización social y en el 95% de las que mencionan a un sindicato. En cambio, solo una pequeña fracción de las noticias centradas en empresas incorpora voces sindicales, sociales o académicas.

Podría pensarse que este patrón es inevitable en un ámbito tan dependiente de la innovación tecnológica y la inversión privada. Sin embargo, nuestros resultados muestran que la representación de intereses (qué grupos consiguen visibilidad) no depende solo de la tecnología, sino también de cómo funcionan los sistemas mediáticos. Los medios británicos y estadounidenses ofrecen una mayor diversidad de voces que los españoles e italianos: incorporan con más frecuencia organizaciones sociales, académicos o sindicatos junto a las empresas. En España e Italia, por el contrario, la conversación aparece más concentrada alrededor de estas últimas.

Esa mayor diversidad no se debe a que cada noticia incluya una distribución más equilibrada de voces, sino a que los medios británicos y estadounidenses publican más artículos con varios tipos de actores en una misma información.

El tercer resultado matiza una expectativa habitual: que periódicos ideológicamente distintos ofrecieran perspectivas diferentes sobre la IA. Sin embargo, en España e Italia observamos una notable convergencia. El País y El Mundo, o La Repubblica y Corriere della Sera, recurren a perfiles de actores muy similares cuando informan sobre IA. En cambio, las diferencias son mayores entre The Guardian y The Times o entre The Washington Post y The New York Times. En este ámbito, la diferenciación editorial parece depender más de la competencia y el posicionamiento de cada periódico que de la polarización ideológica clásica.

La desigualdad también aparece en el tono. Academia y organizaciones sociales reciben, en general, un tratamiento positivo; las empresas, uno neutro o ligeramente positivo. Los sindicatos son la excepción: son el único tipo de actor que llega a recibir un tono netamente negativo en algunos diarios. Resulta paradójico que precisamente las organizaciones que representan a los trabajadores tengan esta cobertura en un debate que afecta directamente al futuro del empleo.

Esto no significa que las empresas no deban ocupar un lugar central en la conversación sobre esta tecnología, ni que los medios determinen por sí solos las actitudes ciudadanas. Lo que observamos es que el debate público se construye a partir de una distribución desigual de la atención, variable según el sistema mediático. Nuestros resultados no permiten determinar a qué se debe dicha escasa presencia sindical. Sí muestran, en cambio, que la ciudadanía recibe una conversación pública donde las empresas ocupan una posición claramente dominante.

La IA no solo plantea un debate sobre innovación o productividad, sino también sobre desigualdad, derechos laborales, privacidad o discriminación. Si algunas de estas perspectivas apenas acceden a la conversación pública, la ciudadanía recibe una imagen parcial de los problemas en juego. En un momento en que la IA empieza a redefinir el empleo y las relaciones laborales, los actores del trabajo deberían ocupar más espacio en esa conversación.

Este post resume los resultados del artículo “Echoes of influence: Media Systems and the Representation of Interest Groups in Artificial Intelligence Policy Debates”, publicado recientemente en el Journal of Public Policy.


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La inteligencia artificial está empezando a transformar el mercado de trabajo. La automatización y los modelos de lenguaje ya reconfiguran sectores como la traducción profesional, el periodismo o el desarrollo de software, mientras gobiernos, empresas y organismos internacionales discuten cómo regularla, aprovechar sus beneficios y limitar sus riesgos.

En este contexto, importa saber quién consigue visibilidad pública. Los medios no solo informan sobre debates políticos y tecnológicos: también contribuyen a definir qué actores son percibidos como legítimos y qué intereses llegan a la ciudadanía. Estudiar quién aparece en las noticias sobre IA permite entender cómo se construye el debate sobre una tecnología de gran alcance económico y social.

Nuestro trabajo parte de una pregunta sencilla: ¿qué actores aparecen cuando los periódicos hablan de inteligencia artificial? Para responderla analizamos 37.954 piezas periodísticas sobre IA publicadas entre 2018 y 2024 en ocho diarios de cuatro países. Identificamos las organizaciones mencionadas, las clasificamos en cuatro grupos (actores económicos, instituciones académicas, organizaciones sociales y sindicatos) y analizamos el tono de su aparición.

El resultado más contundente es que los actores económicos (empresas y patronales) dominan la conversación: aparecen en cerca del 90% de los artículos y concentran alrededor del 85% de las menciones a organizaciones. Las instituciones académicas aparecen aproximadamente en la mitad de las noticias; las organizaciones sociales (ONGs y asociaciones de consumidores) en una de cada tres; y los sindicatos en menos del 4%.

Figura 1. Porcentaje de noticias sobre IA que mencionan a cada tipo de actor.

La desigualdad no afecta solo a cuántas menciones recibe cada actor, sino también a cómo entra en la conversación. Las organizaciones no empresariales suelen aparecer junto a empresas: ocurre en el 90% de las noticias que mencionan a una organización social y en el 95% de las que mencionan a un sindicato. En cambio, solo una pequeña fracción de las noticias centradas en empresas incorpora voces sindicales, sociales o académicas.

Podría pensarse que este patrón es inevitable en un ámbito tan dependiente de la innovación tecnológica y la inversión privada. Sin embargo, nuestros resultados muestran que la representación de intereses (qué grupos consiguen visibilidad) no depende solo de la tecnología, sino también de cómo funcionan los sistemas mediáticos. Los medios británicos y estadounidenses ofrecen una mayor diversidad de voces que los españoles e italianos: incorporan con más frecuencia organizaciones sociales, académicos o sindicatos junto a las empresas. En España e Italia, por el contrario, la conversación aparece más concentrada alrededor de estas últimas.

Esa mayor diversidad no se debe a que cada noticia incluya una distribución más equilibrada de voces, sino a que los medios británicos y estadounidenses publican más artículos con varios tipos de actores en una misma información.

El tercer resultado matiza una expectativa habitual: que periódicos ideológicamente distintos ofrecieran perspectivas diferentes sobre la IA. Sin embargo, en España e Italia observamos una notable convergencia. El País y El Mundo, o La Repubblica y Corriere della Sera, recurren a perfiles de actores muy similares cuando informan sobre IA. En cambio, las diferencias son mayores entre The Guardian y The Times o entre The Washington Post y The New York Times. En este ámbito, la diferenciación editorial parece depender más de la competencia y el posicionamiento de cada periódico que de la polarización ideológica clásica.

La desigualdad también aparece en el tono. Academia y organizaciones sociales reciben, en general, un tratamiento positivo; las empresas, uno neutro o ligeramente positivo. Los sindicatos son la excepción: son el único tipo de actor que llega a recibir un tono netamente negativo en algunos diarios. Resulta paradójico que precisamente las organizaciones que representan a los trabajadores tengan esta cobertura en un debate que afecta directamente al futuro del empleo.

Esto no significa que las empresas no deban ocupar un lugar central en la conversación sobre esta tecnología, ni que los medios determinen por sí solos las actitudes ciudadanas. Lo que observamos es que el debate público se construye a partir de una distribución desigual de la atención, variable según el sistema mediático. Nuestros resultados no permiten determinar a qué se debe dicha escasa presencia sindical. Sí muestran, en cambio, que la ciudadanía recibe una conversación pública donde las empresas ocupan una posición claramente dominante.

La IA no solo plantea un debate sobre innovación o productividad, sino también sobre desigualdad, derechos laborales, privacidad o discriminación. Si algunas de estas perspectivas apenas acceden a la conversación pública, la ciudadanía recibe una imagen parcial de los problemas en juego. En un momento en que la IA empieza a redefinir el empleo y las relaciones laborales, los actores del trabajo deberían ocupar más espacio en esa conversación.

Este post resume los resultados del artículo “Echoes of influence: Media Systems and the Representation of Interest Groups in Artificial Intelligence Policy Debates”, publicado recientemente en el Journal of Public Policy.

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