Entre el éxtasis, la polémica y el escepticismo. Así llega el mundo de la UFC al regreso de Conor McGregor, la mayor estrella que ha pasado jamás por el octágono. Admirado por muchos y odiado por otros tantos, el irlandés fue capaz de llevar las artes marciales mixtas a otra dimensión y convertirse en uno de los deportistas más mediáticos del planeta.Leer la noticia completa
Entre el éxtasis, la polémica y el escepticismo. Así llega el mundo de la UFC al regreso de Conor McGregor, la mayor estrella que ha pasado jamás por el octágono. Admirado por muchos y odiado por otros tantos, el irlandés fue capaz de llevar las artes marciales mixtas a otra dimensión y convertirse en uno de los deportistas más mediáticos del planeta.
‘The Notorious’ llegó incluso a liderar la lista Forbes de los deportistas mejor pagados en 2021, por delante de nombres como Leo Messi y Cristiano Ronaldo, algo que explica bastante bien el tamaño del fenómeno. Pero el McGregor peleador lleva casi un lustro desaparecido. Su última pelea fue en el UFC 264, ante Dustin Poirier, una noche amarga en la que sufrió una grave lesión en la pierna y que abrió una etapa larguísima de inactividad.
Ahora, más de 1.800 días después, Conor regresa este 11 de julio para enfrentarse a Max Holloway en el UFC 329, en el T-Mobile Arena de Las Vegas. No es un rival cualquiera. ‘Blessed’ es excampeón del peso pluma, antiguo campeón BMF y uno de los nombres más respetados de la UFC. También es un viejo conocido para McGregor, que ya le derrotó en 2013, cuando ambos todavía estaban muy lejos de ser lo que son hoy.
Un regreso con muchas capasDe cinturones, el irlandés sabe bastante. Conor fue campeón del peso pluma en 2015 con aquel KO a José Aldo en solo 13 segundos, una de las imágenes más conocidas en la historia de la UFC. Un año después, en el Madison Square Garden, volvió a tocar el techo al finalizar a Eddie Álvarez y convertirse en el primer doble campeón simultáneo de la compañía.
Seguramente fue el último gran momento deportivo de McGregor dentro del octágono. A partir de ahí, la superestrella que había enganchado a medio mundo empezó una etapa mucho más irregular, marcada por derrotas, lesiones, polémicas, problemas judiciales, alcohol y todo lo que ha ido rodeando su figura durante estos años.
Durante esta Fight Week, sin embargo, se ha visto a un Conor más calmado. Menos pasado de vueltas, más centrado en hablar de la fe, la familia y la vuelta a la actividad deportiva. Ha repetido que quiere dejar atrás ciertos problemas del pasado y volver a sentirse peleador. “Por el amor al deporte, a mi obra”, dijo cuando le preguntaron por sus motivaciones para volver.
La realidad es que McGregor no tiene demasiado que perder este sábado. Su legado económico y mediático ya está escrito, y su sitio en la historia de la UFC no depende de una sola noche. Pero sí hay una pregunta importante encima de la mesa: saber si todavía queda algo del peleador que cambió la compañía.
La gran duda: cuánto queda del viejo ConorLa pelea será en el peso wélter, una categoría más cómoda para el irlandés en este momento de su carrera. McGregor ha aparecido fuerte, bien instalado en las 170 libras y aparentemente más tranquilo a nivel mental. Pero todo eso tendrá que verse dentro del octágono.
En su mejor versión fue uno de los strikers más peligrosos de la UFC: preciso, rápido en los contragolpes, muy bueno leyendo la distancia y con una izquierda capaz de cambiar una pelea en cualquier momento. Ahora la duda es cuánto conserva de todo eso. El tiempo fuera, la edad, la lesión y la falta de ritmo competitivo pesan. No es lo mismo entrenar bien que volver a una pelea de cinco asaltos contra Max Holloway.

El careo de Conor y Max / EP
Y ahí está el gran problema para Conor. Enfrente tendrá a un peleador que parece hecho para castigar cualquier bajón físico. Holloway tiene volumen, cardio, experiencia y una capacidad enorme para absorber daño y seguir avanzando. No suele regalar minutos y, cuando la pelea se alarga, normalmente empieza a crecer. Si McGregor no encuentra algo importante en los primeros asaltos, el combate puede irse poco a poco hacia un terreno muy incómodo para él.
Por eso, las opciones de ‘Mystic Mac’ parecen pasar por volver a lo que mejor hacía: controlar la distancia, no entrar en intercambios largos, castigar pronto y encontrar una mano clara antes de que Max coja ritmo. Un triunfo de McGregor cambiaría por completo el panorama de la UFC, porque con Conor de por medio cualquier victoria grande se convierte automáticamente en un debate de cinturón, revancha o superpelea.
Holloway no es una vuelta cómodaLa elección de Holloway no tiene nada de sencilla. Max representa justo lo contrario a un regreso tranquilo. Es resistente, tiene ritmo, boxeo, experiencia y una barbilla que le ha permitido sobrevivir a algunas de las peleas más duras de los últimos años. No pudo ante Ilia, pero eso no quita un ápice de su buen mentón. Además, también llega con sus propias motivaciones después de perder el cinturón BMF en su último combate ante un Charles Oliveria que consiguió dominarle a ras de lona, una estrategia por la que no tendrá que preocuparse este sábado.
Para McGregor, ganar a Holloway sería mucho más que volver. Sería demostrar que todavía puede competir contra un nombre de élite y que su regreso no se queda solo en el evento mediático. Para Max, una victoria serviría para cerrar una cuenta pendiente de más de una década y sumar el nombre más grande posible a su historial. El cheque será suculento y si además te llevas la victoria, 'olé'.
El careo entre ambos fue, como era de esperar, intenso. Conor volvió a tirar de esa mezcla de seguridad, provocación y espectáculo que tantos pagos por evento ha vendido durante la última década. Se encaró con Holloway, lanzó sus gafas por los aires y dejó otra imagen de esas que ayudan a calentar una pelea.
Lo ames o lo odies, el regreso de Conor McGregor vuelve a poner a la UFC en el centro de la conversación. La duda ya no es si la gente quiere verle. Eso está claro. La duda es si, después de tantos años fuera, todavía puede volver a ganar una pelea de este (primerísimo) nivel. El último rival de entidad al que Conor venció por última vez fue Eddie Álvarez hace más de diez años. No es poca cosa.