O viceversa: mamarrachos sin fronteras e incendios de sexta generación.
O viceversa: mamarrachos sin fronteras e incendios de sexta generación.
Mantengo el título de este escrito, porque pensaba comentar entre otras reflexiones el ridículo enfrentamiento entre dos mamarrachos dirigentes políticos ante un problema tan grave como los incendios.
Quería escribir desde la solidaridad con las personas que ven quemarse su forma vida, pero este año con la relativa tranquilidad que daba ver los incendios a cierta distancia, cuando otros veranos era la Zamora quemada la que abría los informativos y acaparaba las portadas.
No dejaba de estar alerta, porque las lluvias del invierno pasado y el aumento de las temperaturas provocaban pequeños incendios que enseguida se apagaban por toda la provincia cuando, antes de llegar al ecuador del verano, vuelve a quemarse nuestra querida y cercana tierra.
"La de días que hemos vivido ahí. Alba pasó ahí su infancia y ahora se quema. Espero que no sea mucho y lo apaguen lo antes posible"- dice mi hermana que fue maestra en Cibanal y en Bermillo, donde mi sobrina iba a la escuela. Una vecina de mi barrio no puede contener las lágrimas porque es de Fornillos de Fermoselle y tiene allí casa, donde ha dejado solo al perro y no puede ir a por él.
La calima en el aire y el olor a leña quemada llegan hasta Zamora capital, donde hace años se acogió a las personas desalojadas de muchos pueblos por seguridad. Los bomberos de la ciudad y del consorcio de la diputación están alertas, como los vecinos están dispuestos a ayudar. Me consta que el alcalde ha puesto a disposición de la Junta los medios de la ciudad para apagar el fuego: "Lo que haga falta". En el grupo de concejales: "Si hay que hacer algo porque hay que alojar a gente en Zamora, avisad, por favor. Que avises si hay que ir a algún sitio a montar camas como la otra vez."
"Como la otra vez". Y eso que parecía que este año no le tocaba a Zamora porque ya se había quemado todo: un año la Sierra de la Culebra en Aliste, otro año la alta Sanabria y el Lago, parte de los Valles de Benavente, todo el entorno de estos enclaves protegidos medioambientalmente en la provincia. Esas comarcas donde trabajamos, disfrutamos y jugaron nuestras hijas.
Quedaban los Arribes del Duero como espacio natural en Sayago, y no se han librado de ser arrasados por el fuego. También dice el alcalde de Fermoselle que es "como la otra vez", que vuelven a arder los Arribes. Espero que no vuelva otra vez a quemarse la Culebra o Sanabria, porque este verano ha habido varios conatos de incendio en San Ciprián de Hermisende.
En asuntos de incendios la historia se repite, y llueve sobre mojado -¡ojalá lloviera!- o más bien, arde sobre quemado. Como arden las discusiones que caldean el ambiente en búsqueda de causas y soluciones ante los incendios, en las que nunca se llega a acuerdos.
Desde el respeto a las personas que sufren los incendios o intentan apagarlos, llevo varios días oyendo todo tipo de teorías contradictorias que, en vez de intentar apagar fuegos, parecen buscar lo contrario: incendiar el panorama mientras se quema el paisaje.
Lejos de aquellas explicaciones históricas del humorista Perich: "Cuando un bosque se quema algo suyo se quema, Sr. Conde". Que denunciaba la propiedad de los montes y que se quemaran intencionadamente para hacer urbanizaciones, este año los incendios en la comunidad madrileña se atribuyen a la interfaz en la que conviven zonas urbanizadas en medio del monte. Algo que también contradice que los incendios se producen en la España vaciada, como es el caso de Zamora. Porque una vaciada y otra urbanizada, Zamora y Madrid quemadas.
Hay quien dice que la causa es el abandono del monte por parte de ganaderos y agricultores; y quien defiende que es por el exceso de protección que no les deja ni recoger unas piñas sin permiso. Se enfrentan así campesinos y ecologistas, aunque la chispa de alguna cosechadora ha provocado un incendio, que no habría prendido si no estuviera todo lleno de maleza ecologista. En fin.
Como se enfrentan las derechas extremas que niegan la existencia del cambio climático con las izquierdas que intentan demostrar su existencia basándose en evidencias científicas, y en "la caló" que nos tiene achicharraítos. Aunque no sea complicado optar por la existencia del cambio climático, aunque lo nieguen quienes defienden como causa de los incendios la fatalidad, el destino o la voluntad divina. Cuestión de razón o de fe.
Luego están las causas conspiranoicas: trabajadores temporales que cobran por apagar incendios y que cuantos más haya más cobran (en Hermisende han pillado a alguno en esta situación; pirómanos porque el mundo los ha hecho así. Y una que se me acaba de ocurrir como sospecha y sin pruebas para la zona de Zamora: ¿no se quemará sobre quemado en Zamora para cambiar la tierra verde por la energía del mismo color, sin protestas vecinales en pie que valgan? Conspiranoia total, supongo.
En lo que casi todo el mundo coincide es en la necesidad de aumentar los medios de protección y extinción de incendios. Pero no se ponen de acuerdo en quien tiene que poner el cascabel al gato: si las comunidades autónomas que tienen las competencias y no pone los medios, o el estado que no pone el dinero suficiente.
Y aquí es donde se han enfrentado la presidenta del chaleco de Madrid -recuerdo lo de Mañueco ponte el chaleco- y el ministro Puente, cuando ante el incendio en la comunidad madrileña rápidamente se ha desviado la responsabilidad al Estado. Cuando el ministro comentó lo mismo que dicen los forestales de la zona, que no se invierte lo suficiente, Ayuso le llamó mamarracho que caldeaba el ambiente. Puente le respondió con "mamarracha tú". Y entre mamarrachos anda el fuego: si los incendios son de sexta generación, los mamarrachos más.
Al margen de enfrentamientos de todo tipo, si algo hemos aprendido del fuego es que no tiene fronteras: ni entre comunidades autónomas cada una con sus competencias, ni entre países con distintos gobiernos (en Zamora los incendios no respetan la raya con Portugal).
Como no tienen fronteras las personas desalojadas y llorando, las casas quemadas, la forma de vida arruinada y el paisaje de la infancia desaparecido. Más lejos o más cerca, la misma tragedia y la misma pena. Como sigue la tragedia y la pena en Palestina (no te olvides) y en el mar en que todos los veranos se ahoga la esperanza que viaja en pateras.
Los incendios no tienen fronteras. Son universales como los derechos a la vida, al trabajo, a la sanidad, a la vivienda, a la educación, a la dependencia...
Por eso frente a los mamarrachos enfrentados: ¡quemados del mundo, uníos!
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