La multinacional burgalesa encadena cinco años en números rojos y se enfrenta a una crisis de liquidez que podría obligar a la familia propietaria a ceder el control o realizar una ampliación de capital de 500 millones de euros
08/05/2026 a las 09:40h.
El fabricante de componentes para el automóvil Grupo Antolín atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia reciente. La compañía se encuentra actualmente en una encrucijada financiera marcada por un elevado riesgo de impago y la necesidad inminente de reestructurar una deuda que supera los 1.200 millones de euros (cifra que alcanza los 1.600 millones si se incluyen todas las variables).
La familia Antolín, dueña del 100% del capital de este grupo empresarial de Burgos dedicado a la fabricación de piezasde coche, debe decidir ahora si mantiene la propiedad total asumiendo el riesgo de insolvencia o si abre el accionariado a inversores externos para garantizar la viabilidad del negocio.
Según ha informado El Confidencial, la situación ha provocado un movimiento estratégico en los despachos: la familia ha contratado a Houlihan Lokey para negociar una salida a esta crisis, mientras que las entidades bancarias acreedoras, lideradas por BBVA, se han puesto en manos de PJT Partners. El objetivo de la banca es defender su posición y evitar una quita que, según las fuentes financieras, podría superar el 50% de la deuda.
El aviso de las agencias de calificación
Las agencias Standard & Poor's (S&P) y Moody's han rebajado el rating de la compañía a «muy vulnerable» (CCC+ con perspectiva negativa), situando su deuda en la categoría de bono basura. Los informes técnicos de S&P advierten que Antolín no está generando caja, sino que la «quema», y prevén que el flujo de caja operativo libre se mantenga en negativo durante 2026, según ha podido confirmar El Confidencial. Esta falta de liquidez impide a la firma cumplir con sus obligaciones a corto plazo sin fuentes de financiación adicionales.
Actualmente, los bonos del fabricante cotizan al 60% de su valor nominal, un reflejo de las dudas del mercado sobre su capacidad de pago. La probabilidad de que los acreedores recuperen su dinero se estima en apenas un 55%.
Octubre: la fecha límite
La compañía tiene hasta el próximo mes de octubre para lograr la refinanciación total de su pasivo. De no conseguirse, un tramo de 258 millones de euros del préstamo sindicado se convertirá en deuda a corto plazo, lo que activaría cláusulas de impago (default). La propuesta inicial de la familia consiste en extender los vencimientos de los bonos que expiran en 2028 y 2030, pero los bancos de inversión insisten en que la multinacional necesita una inyección de capital de al menos 500 millones de euros.
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Hasta la fecha, la propiedad se ha negado a realizar dicha ampliación, habiendo recurrido previamente a líneas avaladas por el Instituto de Crédito Oficial (ICO) para salvar situaciones.
Un balance condicionado por las pérdidas y el sector eléctrico
Los resultados financieros del último ejercicio muestran que las pérdidas de Antolín se han multiplicado por tres, alcanzando los 89 millones de euros. Se trata del quinto año consecutivo en números rojos para el grupo, que cuenta con una plantilla de 18.500 personas.
A pesar de los planes de ajuste ejecutados junto a la consultora PwC —que han incluido el cierre de fábricas y la salida del mercado en India—, factores externos como la ralentización de la fabricación de vehículos eléctricos han penalizado gravemente las cuentas de la firma.
Exposición bancaria y pública
El pool bancario español es el principal afectado por esta situación. BBVA encabeza la exposición con 200 millones de euros, seguido de CaixaBank (175 millones), Santander (135 millones), HSBC (110 millones) y Sabadell (70 millones). Además, el sector público también está involucrado a través de los 150 millones de financiación del ICO y 73 millones concedidos por el Banco Europeo de Inversiones (BEI).
En caso de que no se alcance un acuerdo de refinanciación, los acreedores podrían llegar a ejecutar las prendas (las acciones de la familia) y hacerse con el control de la compañía, aunque la complejidad operativa del sector industrial hace que, por el momento, ninguna entidad tenga interés en gestionar directamente las fábricas del grupo burgalés.