Un ambiente tenso y crispado anunciaba el golpe de Estado inminente. El 18 de julio de 1936 amaneció pronto, a las cinco de la madrugada, con noticias sobre movimientos militares sospechosos en Las Palmas de Gran Canaria. El alcalde de la ciudad, Luis Fajardo Ferrer, ordenó defender el edificio del Ayuntamiento para proteger la legitimidad de la democracia. Sin embargo, su empeño lo acabaría colocando en la lista de más de 150 empleados municipales represaliados en la guerra civil y la dictadura, incluyendo cuatro fusilados.
Un ambiente tenso y crispado anunciaba el golpe de Estado inminente. El 18 de julio de 1936 amaneció pronto, a las cinco de la madrugada, con noticias sobre movimientos militares sospechosos en Las Palmas de Gran Canaria. El alcalde de la ciudad, Luis Fajardo Ferrer, ordenó defender el edificio del Ayuntamiento para proteger la legitimidad de la democracia. Sin embargo, su empeño lo acabaría colocando en la lista de más de 150 empleados municipales represaliados en la guerra civil y la dictadura, incluyendo cuatro fusilados.
La historia torció entonces su camino, pero el presente está determinado a recuperar su memoria. Después de 90 años de aquel día fatídico, las víctimas han sido homenajeadas en un acto celebrado este viernes en las Casas Consistoriales de Las Palmas de Gran Canaria. Con una placa conmemorativa y un emotivo reconocimiento a sus familias, el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, y la alcaldesa de la ciudad, Carolina Darias, aplaudieron la valentía y entrega de los trabajadores públicos, sin eludir los daños irreparables que sufrieron.
Décadas de represiónEl homenaje dio comienzo con una interpretación musical de Néstor Henríquez y Marisa Roda, dúo del Cuarteto Hemiolia, quienes armonizaron unas delicadas melodías para dar paso a la periodista Jennifer Jiménez, encargada de conducir el acto. Desgranó que los efectos de la represión "se prolongaron sobre las víctimas y sus familiares durante décadas", por lo que "la reparación es una de las fases esenciales para sanar las heridas".
Los protagonistas del acto fueron nueve de los trabajadores represaliados: Luis Fajardo Ferrer, Ernesto Cantero Arocena, Manuel Jaén Díaz, Dámaso Torres Galindo, Dámaso Torres Torres, Alberto Hernández Suárez, Ambrosio Hurtado de Mendoza, Bernardo Salom Calcines y Domingo Alvarado Caballero. La lista completa, que consta de más de 150 personas, incluye barrenderos, alcaldes, guagüeros, cobradores, guardias, jardineros, músicos o secretarios, entre muchos otros empleados que mostraron "valor cívico y entereza personal" a pesar de las "consecuencias dolorosas y en muchos casos irreparables" que afrontaron, según relató Darias con lágrimas de emoción.
La investigación que recuperó su legadoLos homenajes fueron entregados a sus hijos, hijas, nietos, nietas, sobrinos y sobrinas, cuyos ojos cargaban con emociones silenciadas durante décadas. El paso del tiempo y el olvido forzoso pudieron haber hecho mella en sus memorias, pero el legado que dejaron todavía permanece muy vivo. Sus relatos vitales fueron recuperados a través de una investigación dirigida por el historiador Sergio Millares, a través de la Asociación para la Memoria Histórica de Arucas, que se centró en los antiguos municipios de Las Palmas y San Lorenzo, integrados en 1940 bajo la denominación de Las Palmas de Gran Canaria.
Tal y como explicó Millares, un tercio del personal del Ayuntamiento de antaño sufrió un proceso de depuración a raíz del golpe de Estado franquista. Fueron expulsados de sus puestos de trabajo, apartados de sus labores, suspendidos de sus sueldos, encarcelados o fusilados por "defender pacíficamente la legalidad del gobierno republicano". Ahora, sus expedientes se encuentran disponibles en el archivo municipal de la ciudad, donde se puede ver por escrito una pequeña parte de la "vorágine de incertidumbre" que vivieron al estar privados de sueldo en un contexto de "escasez de productos y subida de precios".
La memoria que permanece vivaUno de los testigos vivos que aún queda de esa represión es Jesús Cantero Sarmiento, hijo de Ernesto Cantero Arocena. Su padre, que falleció en 1967, no se dejó amedrentar por los engranajes falangistas: "Poco antes de morir le dijeron que, si firmaba el Movimiento Nacional, le devolverían la cátedra. Y él dijo que no". Concejal de Enseñanza y catedrático, Ernesto trabajaba "seis días de la semana y el domingo por la mañana dando clases particulares en casa". Con el paso de los años, una calle de Tafira recibió su nombre. Y toda su familia, que también fue represaliada y encarcelada por el franquismo, atesora su recuerdo.
A lo largo del acto no faltaron los agradecimientos a Pino Sosa, presidenta y fundadora de la Asociación para la Memoria Histórica de Arucas. En palabras de Torres, son personas como ella las que "dan impulso para seguir luchando por hacer justicia". El ministro hizo memoria sobre la forma en que Canarias "fue laboratorio de la maquinaria que impuso la represión fascista en todo el país", por lo que insistió en la necesidad de que la juventud conozca el pasado para combatir "el blanqueamiento que algunos sectores quieren hacer de la dictadura".
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