Regina Rodríguez Sirvent convirtió su novela 'Crispetes de matinada' (La Campana) en el libro más vendido de ficción en catalán en el pasado Sant Jordi. Un hito avalado por su primera obra, 'Les calces al sol' (La Campana), también un éxito de ventas. Ambas cuentan también con su versión en castellano, 'Palomitas de madrugada' y 'Las bragas al sol', editadas por Suma y han sido editadas en diferentes idiomas y publicadas por todo el mundo.Leer la noticia completa
Regina Rodríguez Sirvent convirtió su novela 'Crispetes de matinada' (La Campana) en el libro más vendido de ficción en catalán en el pasado Sant Jordi. Un hito avalado por su primera obra, 'Les calces al sol' (La Campana), también un éxito de ventas. Ambas cuentan también con su versión en castellano, 'Palomitas de madrugada' y 'Las bragas al sol', editadas por Suma y han sido editadas en diferentes idiomas y publicadas por todo el mundo.
Entre una y otra han pasado ocho años, un tiempo en el que la protagonista, Rita Racons, ha intentado encontrar su sitio en el mundo mientras ha seguido acumulando experiencias. De esta segunda novela, del crecimiento personal y la inspiración, la escritora de Puigcerdà habló con SPORT en una charla en la sede barcelonesa de Penguin Random House.
'Crispetes de Matinada' fue el libro más vendido de ficción en catalán en Sant Jordi 2026. ¿Esperabas ese éxito?
No, ni de coña. Yo siempre digo que antes hubiera soñado ganar un Oscar que ser el libro más vendido de Sant Jordi. No me lo esperaba.
¿Cómo viviste la jornada en Barcelona con largas colas para recibir tu dedicatoria?
Cuando llegué vi que tenía mucha cola, que había vallas como el Dragon Khan y fue como, 'ostras, esto es muy heavy'. Habiendo vivido otros Sant Jordi, que es un día tan especial para tanta gente, delante y detrás de la mesa, para todo el mundo editorial, para todos los catalanes, para toda la gente que viene a vivir un día así, yo sabía que sería un día único porque mi segunda novela la he sacado como si fuera la primera, porque ha sido un momento vital para mí, importantísimo.

Regina Rodríguez Sirvent, autora de 'Crispetes de matinada' / Dani Barbeito
Y pensé, 'yo esto lo quiero disfrutar' e intenté estirar al máximo todo el tiempo que tenía con los lectores que vinieron a verme, que fue mágico, y aquellos 30 segundos/minuto que tienes para hablar con ellos... Yo me he pasado años escribiendo esta historia sola y poder por fin compartirlo con los lectores, es que yo estaba hambrienta. Y ese minuto es un micro universo que fui muy consciente de absorber y de absorberlo bien. Dentro de la vorágine y de la locura que fue de tantas cosas que pasaron, aquello lo hice, me sentí bien de poder estar muy presente, de poder hablar bien y de compartir la historia desde los dos lados.
Tu primera novela, 'Les calces al sol', también fue un gran éxito de ventas. ¿Qué aprendiste de esa primera experiencia?
Yo creo que mientras escribí 'Las bragas al sol', que estuve muchos años, aprendí el oficio de escribir. Obviamente, lo voy a aprender siempre y nunca se va a acabar. Y esta es parte de la gracia y de la pasión. A mí me apasiona profundamente saber que nunca voy a acabar de aprender. Pero sí que 'Las bragas' aprendí a equivocarme mucho, a pasarme... En mi primera versión tenía 150 páginas más. Entonces aprendí a ubicarme, a ir un poco más al grano y a la vez dejar ir toda la imaginación. Porque el éxito de 'Las bragas' lo que me permitió también es tener este aval de tanta gente generosísima que me ha leído y me ha recomendado. Saber que de alguna manera esto les había gustado y que salía del estómago y del corazón, pues hizo plantarme en el mismo lugar exacto que es salir y disfrutar. Y eso es lo que hice.
¿Qué hay de tu personaje, Rita, en Regina y de Regina en Rita?
Esta pregunta me la han hecho muchas veces y siempre la respondo distinta porque no lo sé exactamente, pero sospecho que Rita tiene todo de mí, pero yo necesito... O sea, yo pongo todo lo que quiero de Rita y entonces llega un momento que sobresale y necesito otros personajes para explicar más todo lo que quiero y todas mis perspectivas. Y entonces tiene todo de mí, esto seguro. Estoy repartida por todos mis personajes.
Rita quiere escribir una novela como Dios manda, seria... ¿Esa era tu idea cuando empezaste a escribir 'Crispetes de matinada'?
Sí. 'Palomitas de Madrugada' es el último año de este viaje en que yo me harté de mí misma después de muchos años de luchar contra mí. Yo quería escribir, volví de Atlanta, de vivir la historia de 'Las bragas al sol' y volví sabiendo que quería escribir, pues yo quería escribir una novela seria, así, como Dios manda. Que gane el Premio Nobel, o sea, a por todas. Y entonces yo pensaba que solo podía hacer esto. Ya me entiendes, no quiero ganar el Premio Nobel... Pero yo pensaba que solo podía ser una novela como Dios manda si era seria, si era oscura, si era dolorosa, si era densa y si utilizaba las palabras más difíciles que yo sabía y las frases más imposibles que se pudieran articular. Y que solo así sería una buena novela.

Portada de Crispetes de matinada / La Campana
Por eso estuve ocho años sin escribir ni una miserable palabra porque no me tocaba nada. Yo pensaba que más allá de escribir así, también tenía que ser una historia, dura, histórica. Que todo el mundo reconociera como una historia de empaque. Y a mí me salían las historias de contrabandistas de mis abuelos que a mí me fascinaban cuando me las explicaban ellos, pero a mí es que no me salía nada. En 'Palomitas de madrugada' hay el capítulo exacto en que Rita ya se harta a las cinco de la mañana está en un 'barucho' del Born comiendo palomitas de estas marranas y dice, 'yo no puedo mentir más. Llevo diez años diciendo que estoy escribiendo una novela que no estoy escribiendo y solo lo digo porque me da vergüenza explicar que voy de trabajo en trabajo y no encuentro la respuesta ni me hace feliz'. Y entonces ya es en este capítulo, en la mitad de la historia cuando, no lo sabe, pero se da cuenta que su historia ya la tiene y su voz también. Y aquí es cuando empieza ya a hacer la remontada y empieza a escribir su historia que es la suya misma y su voz que es exactamente la suya toda.
Y Regina, ¿en qué momento se da cuenta de que una novela de otro tipo con más humor también puede llegar a los lectores?
Esto es tan bonito... yo publiqué el 7 de septiembre, que es mi santo, y después de aquella semana ya me vino alguna librera. No sabía nada del mundo editorial. Yo escribí una novela cruzando este desierto yo sola. Cuando yo sentía que ya estaba acabada, escribí un email, busqué un email aquí en Penguin Random House y envié ese email con la novela adjunta y no sabía nada más. Y yo pensé, bueno, a ver si alguien me responde. Entonces yo publico y pensaba que el día de la presentación, que hicimos un fiestón, que era lo que más me importaba, yo pensé que allí se acababa la cosa y allí me di cuenta que es donde empezaba. Y aquella misma semana me vino alguna librera y me dijo que estaba yo en la librería riéndome en voz alta y me ha dicho una... 'Yo no sé qué estás leyendo, pero yo quiero esto que te hace reír'. Y entonces, que la gente me diga que se ríe en voz alta y que despiertas a sus maridos y a sus mujeres porque se están riendo en voz alta, yo ya no me puedo hacer más feliz. Porque al final mi horizonte fue esto. Yo me lo quiero pasar bien y ya que además me sale, pues yo me río de mis propias bromas. Una amiga mía me dice que 'es tan triste tía, te estás riendo sola', pero bueno, es que si no me río yo, ¿quién se va a reír? Y entonces partir de aquí, de lo más honesto que tengo y que trascienda y que haga reír y que la gente en estos minutos que te contaba hayan vivido historias felices a partir de aquí, pues ¿qué más puedo pedir? Yo creo que cuando me preguntan qué siento ahora con lo de San Jordi y con lo bien que está yendo la novela, es que también, aparte de agradecimiento e incredulidad todavía, siento orgullo porque al final, después de tantos años, pues dije, 'si me sale este, me sale esto. Y no voy a pretender ser nadie que no soy'. Y entonces que sea mi voz exacta la que me sale y que haya llegado a tanta gente, pues claro, me hace muy feliz.

Regina, durante la enttevista con SPORT / Dani Barbeito
Nos vamos un poco a nuestro ámbito. Rita es de la Cerdanya, practica deportes, habla de esquí, es monitora... ¿Regina también practica algún deporte?
El deporte ha sido mi vida durante muchísimas décadas. Para mí el deporte es una filosofía de vida. He hecho competición en muchos deportes, sobre todo en esquí y en básquet, también en natación, en patinaje artístico, y yo creo que soy quien soy, que tengo cierta resiliencia, trabajo en equipo, mucha resistencia en según qué casos, porque he hecho deporte de alta intensidad. Yo competí muchos años en esquí, esquiando, y además tenía un entrenador loco que era... nosotros éramos el único club que no nos permitía utilizar el telesilla ni el telerrastre. Bajábamos una pista larguísima y al llegar abajo esquís al hombro y subir toda la pista otra vez para que tú cuando bajaras aprovecharas cada centímetro de la nieve y del giro y de la rodilla y de todo. Y no hacía falta, no hacía falta. Podríamos haber subido en el telesilla y hubiéramos aprendido lo mismo.
Los valores que se aprenden con el deporte de competición, yo no me he dado cuenta hasta ahora, de lo bien que nos ha ido. Es que pienso en mi hermano, que también fue campeón de España de esquí... Pero sí, ha sido mucho más importante de lo que pensábamos. Y además, la educación física en el cole, es absolutamente determinante para la vida adulta, no solo para mantenerte en forma, sino para la vida cotidiana, de estar en casa, sobre todo en la escalera, de conducir bien, de controlar el timing de cuándo cruzar una acera. Es que todo esto es tan importante como el arte o la ciencia. Y lo veo ahora, de verdad. Yo tengo dos hijos pequeños y el de cinco años ya sabe esquiar. Ha sido un momento mágico en mi vida porque además yo me tuve que reconciliar un poco con la nieve. La nieve para mí, aunque yo hice mis primeros pasos en la nieve, y toda mi familia está vinculada con la nieve, hasta que dejé la competición, a los 16, 17, solo era competir. Ahora que he vuelto, ya hace años, lo hice solo para esquiar, por placer, y tuve que aprenderlo, reconectar con la montaña, y para mí es un momento y un lugar sagrado. Me renueva, en una hora subo, bajo y soy otra.
Volvemos a 'Crispetes de matinada'. Tú la defines, en la versión en catalán, como una novela 'espaterrant', y además es un adjetivo que utilizas mucho durante la novela. Si tuvieras que describirle a un personaje como Charlotte, que no es catalán, qué significa 'espaterrant' ¿Cómo lo harías?
Es que es una gran palabra, gracias por mencionarla, porque cuando me propusieron 'hilarante', que en castellano también está, y pensaba, es que 'hilarante' es una palabra un poco altiva, y Rita no lo es. Rita se hace pan con tomate en su cocina de pueblo, entonces creo que 'espaterrant' es como una palabra horizontal que se puede aplicar a muchísimas situaciones, que no es pretenciosa, que es muy potente y que es muy de pueblo. Es como... Pues sin límites, sin pretensiones y sin pensarlo mucho.
¿Y sabes hacia dónde va Rita Racons? ¿Se ha acabado ya su trayectoria o seguirá adelante?
Yo creo que no ha acabado, porque llevo ya días, desde que estoy haciendo la ruta con 'Las palomitas' por toda España, me van haciendo unas necesidades, unas bromas, unos gags, que me voy a poner, yo creo que esta tarde, a escribirlos porque no puedo más. Y sí, me salen, porque Rita, no sé si es raro decir que la quiero mucho, porque es raro, pero sí que siempre está dispuesta a jugar y entonces esto es un gran vehículo para contar historias y las que a mí me vienen, Rita está muy preparada para contarlas.
El humor de tus dos novelas es muy personal, muy catalán, español, pero 'Les calces al sol' se ha traducido a inglés, se ha llevado a Estados Unidos... ¿Cómo explicas que ese humor haya calado también tan lejos?
En Polonia también, por ejemplo. Yo pienso que alguien en Varsovia se está riendo de mi broma y es raro. Como he consumido tanto cine en mi vida, hice un máster en guion de cine y es parte de mi vida, las historias lo son y el cine en particular, yo creo que el hecho de que el humor también sea audiovisual ayuda. Hay una pretensión de que no sea local, sino que yo de alguna manera, aunque me deje ir, como digo, hay unos límites que quiero que sean internacionales. En 'Les calces al sol', hay un recurso que, como Rita no sabe inglés, cuando se pide un café y le dicen, 'pues hay tres tipos de leche, lo quieres descafeinado, quieres que te añadamos un poco de vainilla', ella, en vez de entender esto, entiende como, 'hay un hámster que toca jazz y entonces va a cruzar el río Mississippi para comprarse unos garbanzosl'... Y esta doble dimensión, funciona en cualquier idioma, porque los garbanzos y el hámster que toca jazz hacen gracia en La Coruña, en Mississippi y en Varsovia. A gente sí, a gente no, pero está funcionando, yo creo, precisamente por eso.
Y porque mis referentes pop también son bastante 'mainstream'. Hay algunos más alternativos, pero sí que me dejo ir, no tengo complejos a la hora de ser 'mainstream'. Si a mí me gusta ET y me gusta Tina Turner, no pasa nada. Y entonces creo que estos referentes también ayudan a ubicarte independientemente de la cultura, pero más importante es que los problemas que tiene Rita son universales y los personajes también lo son. Por eso la iaia, tanto en 'Las palomitas' como en 'Las bragas al sol', cala tanto porque La iaia es como la sopa y la sopa se entiende de aquí, a Pekín. Todos los problemas que Rita tiene, que si es algo profundamente humana, se entienden siempre, son transversales.